
Imagina encontrar el tesoro de tus sueños, uno de los botines submarinos más grandes de la historia, y decidir que prefieres pasar años en una celda antes que soltar prenda de dónde lo has escondido. Pues deja de imaginar, porque esto es exactamente lo que hizo Tommy Thompson, el cazatesoros más terco del planeta, que acaba de salir en libertad tras ganarle un insólito pulso de resistencia a la justicia estadounidense.

El hallazgo del ‘Barco del Oro’ y una traición millonaria
En 1988, Thompson logró lo que parecía imposible: localizó en las profundidades los restos del SS Central America, un buque que se fue a pique en 1857 por culpa de un huracán frente a las costas de Carolina del Sur. ¿La carga? Toneladas de oro procedentes de la mismísima fiebre del oro de California. Para llevar a cabo semejante hazaña, nuestro Indiana Jones acuático no tiró de ahorros propios, sino que convenció a 161 inversores que soltaron casi 13 millones de dólares para financiar la compleja expedición.
Pero el cuento de hadas se torció rápido. Tras recuperar una inmensa fortuna en lingotes —algunos todavía con la costra del sedimento marino incrustada, como se aprecia en la imagen— y monedas, los inversores empezaron a mosquearse porque no veían un solo céntimo de los beneficios prometidos. Como era de esperar, le plantaron una demanda monumental.
La fuga y la captura del escurridizo Tommy
Como quien oye llover, Thompson pasó olímpicamente de enfrentarse a los juzgados. En 2012, no se presentó a una citación judicial y se convirtió en un fugitivo, viviendo la vida loca en la clandestinidad. Su aventura al margen de la ley duró hasta 2015, cuando los agentes federales lo cazaron en un hotel de Florida donde residía de forma completamente anónima.
Un silencio que vale su peso en oro (literalmente)
Lo curioso de su entrada en prisión es que no fue exactamente por robo, sino por desacato civil. Thompson se negó en redondo a contarle al juez dónde demonios estaban escondidas las 500 monedas de oro que faltaban del inventario, unas piezas rarísimas valoradas en millones. Según su vaga versión de los hechos, las había mandado a un opaco fideicomiso en Belice y… ahí se terminaba su memoria.
«La ley dictamina que el objetivo de la prisión por desacato es coaccionar a alguien para que hable, no castigarlo de forma indefinida sin propósito».
Y aquí viene el verdadero récord de la cabezonería: el tipo se ha chupado más de 6 años a la sombra, acumulando además una multa diaria de 1.000 dólares. Pero ni por esas abrió la boca. Finalmente, un juez federal ha tenido que claudicar y ordenar su liberación. ¿El motivo? Es evidente que la prisión ya no ejerce su función coercitiva sobre él. Si no ha hablado en más de dos mil días, no lo va a hacer ahora, por lo que mantenerlo encerrado carece de sentido legal.
El resumen de una locura legal:
- El botín original: El legendario tesoro del SS Central America, hundido hace más de siglo y medio.
- La gran estafa: Dejó tirados y sin blanca a los 161 inversores que pagaron su carísima expedición.
- El castigo: Más de seis años preso y multas astronómicas por negarse a revelar el escondite del botín restante.
- El desenlace: Sale libre porque la justicia asume que su terquedad es inquebrantable.
Al final, Tommy Thompson ha demostrado tener unos nervios de acero y una paciencia infinita. Ahora vuelve a pisar la calle como un hombre libre, aunque perseguido por una deuda millonaria y llevándose consigo, presuntamente, el secreto mejor guardado sobre medio millar de relucientes monedas en algún rincón remoto del Caribe.
