
Imagina la escena: estás a punto de estrenar tu obra de ballet más icónica, ‘El Cascanueces’, y de repente, ¡zas!, un ladrón se lleva a tus bailarines de atrezo más valiosos. No, no hablamos de los humanos, sino de diez personajes gigantes de madera que son el alma de la función. Pues esto, ni más ni menos, le pasó a la National Academy of Dance and Arts en Hamilton, Ontario, dejando a todo el mundo con el corazón en un puño.
La historia empieza el pasado lunes, cuando los responsables de la academia descubrieron que su cobertizo trasero había sido ‘visitado’ por un amigo de lo ajeno. Se llevaron a Clara, al Rey Ratón, a los soldaditos y hasta a los copitos de nieve, todos ellos de entre metro y medio y dos metros y medio de altura. Unos ‘pequeños’ detalles de atrezo cuyo valor ascendía a la friolera de 15.000 a 20.000 dólares. ¿Quién querría llevarse semejante colección de gigantes de madera? El director artístico, Robert Desrosiers, no podía creerlo. La desilusión entre los niños y los bailarines profesionales era palpable, con el estreno programado para el viernes a la vuelta de la esquina. ¡La función estaba en peligro crítico!
Pero aquí es donde la historia da un giro digno del mejor cuento de hadas con toques de comedia. Apenas un día después del robo, el martes por la noche, un alma caritativa (o con una conciencia muy pesada, ¡o con problemas de espacio en casa!) decidió devolver a los ‘secuestrados’. Alguien de la propia comunidad de danza encontró los diez personajes intactos, campando a sus anchas en el césped delantero de la escuela. Sí, como lo oyes. Los robaron y los dejaron de nuevo en la puerta, como si hubieran vuelto de una excursión nocturna.
La Policía de Hamilton abrió una investigación, pero, como suele pasar en los cuentos más extraños, los ladrones siguen en paradero desconocido. Lo que sí está claro es que su ‘misión’ de sembrar el pánico no duró mucho. Desrosiers, entre la euforia y la incredulidad, resumió el sentir de todos: ‘Estamos eufóricos. No hay palabras para describirlo. Es fantástico. Es lo que queríamos para los niños’.
Así que, mientras la identidad del misterioso ‘ladrón del Cascanueces’ sigue siendo un enigma, la buena noticia es que el espectáculo pudo continuar. La magia del ballet se impuso, y los gigantes de madera bailaron en el escenario gracias a un ladrón que, por alguna razón, tuvo un ataque de remordimiento o se dio cuenta de que guardar un Rey Ratón de dos metros en el salón de casa no era tan buena idea. ¡Un auténtico número de circo que acabó con final feliz!
