
A veces, la realidad política supera a cualquier guion de comedia. Si te dijeran que un candidato a la presidencia de Estados Unidos ha señalado a los molinos de viento como los nuevos archienemigos de las ballenas, probablemente pensarías que es el comienzo de un chiste. Pues no, es una noticia real protagonizada por Robert F. Kennedy Jr.
Durante una entrevista en la CNN, ni más ni menos, RFK Jr. soltó la bomba con una seguridad pasmosa: ‘Los molinos de viento están matando a las ballenas’. Así, sin anestesia. Según su teoría, el problema no son las aspas gigantes girando en el mar, sino los sonares utilizados para mapear el fondo oceánico antes de instalar estas enormes estructuras. Al parecer, este proceso estaría detrás del aumento de muertes de estos majestuosos cetáceos.
Pero aquí es donde la historia da un giro. Cuando uno busca las pruebas que sustentan semejante afirmación, se encuentra con… bueno, con el vacío. La propia noticia original lo resume con una contundencia aplastante: hay ‘cero evidencias’ de que esto sea cierto.
No es solo una opinión periodística. La Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA), que de océanos y animales marinos sabe un rato, ha declarado públicamente que no existen vínculos conocidos entre la mortalidad de las grandes ballenas y las actividades relacionadas con la energía eólica marina. Un revés en toda regla para la teoría del molino asesino.
La cosa no acaba ahí. La idea de que los aerogeneradores son una amenaza para las ballenas se ha convertido en una especie de teoría de la conspiración bastante popular en ciertos círculos de la derecha estadounidense y entre grupos financiados por la industria de los combustibles fósiles, que casualmente no son muy amigos de las energías renovables.
Entonces, si no son los molinos, ¿qué está pasando? Los científicos apuntan a causas mucho más terrenales y, por desgracia, conocidas desde hace tiempo: los choques con grandes barcos y el enredo con las redes de pesca. Problemas reales y documentados que contrastan con la creativa, pero infundada, hipótesis de RFK Jr. sobre los gigantes de viento marinos.
