El caminante que se tragó la arena y su perro pasó de todo

El caminante que se tragó la arena y su perro pasó de todo
Graham, un excursionista de 67 años, pasó diez horas atascado en arenas movedizas en Gales tras un atajo fallido. Su fiel (o no tanto) perro regresó a casa solo mientras él esperaba un rescate masivo. Fue localizado por drones y liberado sano y salvo, aunque algo congelado y deshidratado.
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Imagina la escena: Graham Risdon, un tipo de 67 primaveras, disfrutando de un paseo de lo más agradable con su perro en Morfa Harlech, una playa preciosa de Gales. Día soleado, brisa marina, todo a pedir de boca. Pero claro, la vida, o más bien Graham, decidió que era buen momento para una pizca de emoción. «¿Por qué dar la vuelta si podemos coger un atajo por aquí, entre las dunas?», pensó, seguramente. Y así, de repente, la madre naturaleza le dio una lección magistral de geología, transformando un paseo en una auténtica odisea de arenas movedizas.

Efectivamente, Graham se vio atrapado hasta la cintura, y el pánico debió ser real. Diez horas. ¡Diez horas! Uno se puede hacer una maratón de series de Netflix en ese tiempo, pero nuestro protagonista lo pasó inmóvil, luchando contra la arena que se empeñaba en engullirlo. Menos mal que tenía su bastón de caminante, que usó como punto de apoyo improvisado para no hundirse más. Intentó llamar por teléfono, pero el universo, en su infinita sabiduría, decidió que en ese rincón de Gales la cobertura no era lo suyo. Así que, a gritar, que es gratis. Y a esperar. Y esperar. Y esperar un poquito más.

Ahora hablemos del verdadero héroe de la historia (o el villano, según se mire): su perro. Mientras Graham se batía en duelo con la arena, el can decidió que eso de quedarse quieto no era lo suyo. «Mira, Graham, yo me voy a casa, que tengo cena y la pelota no se va a lanzar sola», debió pensar. Y dicho y hecho, el listillo se pegó la vuelta y llegó solito a casa, dando la voz de alarma de una forma muy perruna: apareciendo en la puerta sin su dueño. Un auténtico chivatazo peludo.

Ante la ausencia del bueno de Graham, se montó el que debió ser el despliegue de rescate más cinematográfico del año. Los equipos de la Guardia Costera de Barmouth, Criccieth y Aberdyfi, el equipo de rescate de montaña de la RAF Valley, la RNLI, la policía del norte de Gales y el servicio de ambulancias de Gales se unieron en una operación masiva. ¿Cómo lo encontraron en plena noche? Pues con la tecnología molona de un dron con imagen térmica. ¡Como si fuera una película de James Bond, pero en lugar de salvar el mundo, salvando a un hombre de las arenas!

Finalmente, en la madrugada del viernes, Graham fue rescatado. Un poco congelado, algo deshidratado, pero entero y, suponemos, con una anécdota que contar en cada barra de bar durante lo que le quede de vida. Tras una revisión en el hospital Ysbyty Gwynedd, todo quedó en un susto monumental y una lección clara: los atajos, a veces, te alargan el camino, o te lo hunden, literalmente. Y los perros… bueno, los perros son así de prácticos.