El calvario surrealista de una mujer al intentar regalar unas sillas en Facebook Marketplace

El calvario surrealista de una mujer al intentar regalar unas sillas en Facebook Marketplace
La tiktoker Tasia Alexis se ha hecho viral tras compartir su desastrosa experiencia intentando regalar unas sillas en Facebook Marketplace. Lo que parecía un gesto generoso se convirtió en un sinfín de exigencias absurdas por parte de los interesados, llevándola a jurar no volver a usar la plataforma.
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Cualquiera que haya intentado vender (o regalar) algo por internet sabe que es un deporte de riesgo. Entrar en plataformas de compraventa es abrir la caja de Pandora de la miseria humana, pero lo de Facebook Marketplace juega directamente en otra liga. Si creías que poner algo a coste cero te iba a librar de dolores de cabeza, prepárate para escuchar la historia que ha hecho perder la fe en la humanidad a millones de personas.

La tiktoker Tasia Alexis (@tasiaalexis) decidió compartir recientemente en su perfil la odisea que vivió al intentar deshacerse de unos muebles. Su vídeo de desahogo ha acumulado cerca de 5 millones de visualizaciones en tiempo récord, y no es para menos: la frustración que transmite es tan real que casi traspasa la pantalla.

Mira el vídeo viral de Tasia Alexis en TikTok

El anuncio de la discordia: sillas «huevo» totalmente gratis

Todo empezó una mañana en la que Tasia se levantó con ganas de hacer limpieza y ser generosa. Según explica en su vídeo, decidió publicar un par de sillas colgantes (las famosas sillas tipo huevo o egg chairs) en Facebook Marketplace. Y ojo al dato: completamente gratis. Cero euros. Nada de regateos absurdos, o eso pensaba ella.

En el anuncio adjuntó una foto clara de los artículos. En la imagen se apreciaba perfectamente que una de las sillas tenía su cojín correspondiente y la otra no. «Gratis. Usadas pero en buen estado. Se ve claramente que una tiene cojín y la otra no. ¡YAY!», comenta la joven con tono sarcástico. Una descripción honesta, un precio imbatible y unas fotos nítidas. ¿Qué podría salir mal? Absolutamente todo.

La audacia de la gente no conoce límites

Apenas publicó el anuncio, la bandeja de entrada de Tasia colapsó. Pero en lugar de encontrarse con mensajes de agradecimiento de personas dispuestas a recogerlas rápidamente, se topó con un desfile de exigencias y preguntas que rozaban lo surrealista.

  • El misterio del cojín fantasma: Muchos usuarios empezaron a preguntar dónde estaba el otro cojín. «¡NO ESTÁ, COLEGA! Por eso la foto está subida así, ¿¿¿VALE???», cuenta Tasia, al borde del colapso nervioso.
  • Exigencias VIP a coste cero: El colmo de la desvergüenza llegó con un mensaje que decía: «Iré a recogerlas siempre y cuando haya otro cojín. ¿Comprarías tú el otro cojín?». Sí, habéis leído bien. Le exigían comprar un cojín nuevo para llevarse unas sillas que ya estaba regalando.
  • El plantón matrimonial: Otra interesada le pidió que se las reservara. Tasia, en un alarde de bondad, marcó el anuncio como pendiente y rechazó a otros interesados. Horas después, al preguntarle si iba a venir porque tenía más mensajes, la mujer respondió con toda la calma del mundo: «Ya no las quiero. A mi marido no le gustan».

«Estáis haciendo demasiado. Cuantas más preguntas hagáis, más os va a costar. Cada pregunta son 5 dólares, la segunda 10, 15, 20… por algo que podríais haberos llevado gratis. Solo estáis sumando porque sois muy pesados. Tenéis diarrea verbal, ¿vale? ¡LAS SILLAS SON GRATIS!»

La salvadora Deborah y un juramento final

Cuando Tasia estaba a punto de tirar la toalla tras lidiar con lo que ella misma define como «idiotas», apareció un ángel en forma de señora mayor. La dulce Deborah.

Deborah fue la compradora que todos soñamos tener: no hizo preguntas absurdas, no exigió cojines a estrenar, se presentó en el lugar acordado y se llevó las sillas con una sonrisa y sin rechistar. «Estoy muy agradecida de que ella tenga estas sillas y pueda disfrutarlas», confesó Tasia, aliviada.

Sin embargo, el trauma ya estaba instaurado. La tiktoker ha terminado su relato con una promesa solemne que muchos hemos hecho alguna vez en la vida: «Jamás volveré a usar Facebook Marketplace. Hacéis demasiadas preguntas para algo que es gratis».

Y es que, al final del día, intentar ser amable en internet puede acabar pasándote una factura muy cara… al menos en paciencia.