
A ver, que levante la mano quien no haya visto alguna vez una traducción automática de Google de esas que te hacen llorar de la risa. Pero ¿y si os decimos que un banco ha liado una parda monumental con una en un cajero automático? La historia que hoy nos ocupa viene directamente desde Gibraltar, ese pequeño trocito de tierra donde el inglés y el español conviven de maravilla… o eso creíamos hasta ahora.
Resulta que un usuario, en un día cualquiera, se encontró con una auténtica joya lingüística al intentar sacar dinero. En la pantalla, junto a la opción ‘Press and Hold for English’ (Pulsa y mantén para inglés, para los no angloparlantes de bien), aparecía la alternativa en español. Y aquí es donde la cosa se puso interesante, o mejor dicho, hilarante. En lugar de un ‘Pulsa y mantén para Español’ o algo mínimamente coherente, el cajero nos sorprendió con un glorioso y enigmático ‘Prentar y tener para Española’.
Sí, habéis leído bien. ‘Prentar y tener’. ¿Acaso esperaban que el usuario secuestrara el botón del cajero? ¿O que lo poseyera como si fuera su tesoro más preciado? La traducción, que parece sacada directamente de un traductor de los que ya no quedan (afortunadamente), ha provocado risas a espuertas y ha sido calificada como un «crimen contra la lengua» por algunos internautas. No es para menos, ¿quién querría «prentar y tener» nada, y menos si se refiere a «Española» en femenino, como si fuera una señora o una paella?
El chiste aquí no es solo la traducción literal y sin sentido de ‘Press and Hold’ (que se traduciría mucho mejor como ‘Mantén pulsado’), sino también ese remate final de ‘Española’ en lugar de ‘Español’ para referirse al idioma. Parece que el pobre cajero quería hablar con una señorita española, o tal vez era un fan de la gastronomía y buscaba el plato típico. Un gazapo de manual, vaya.
La imagen de este cajero automático se ha hecho viral en redes sociales, con internautas de ambos lados de la frontera (y del charco) comentando la hazaña lingüística. Es el ejemplo perfecto de cómo un pequeño descuido en la traducción puede generar un contenido hilarante y, de paso, ‘ofender’ (siempre con humor, claro) a dos culturas a la vez: la inglesa, por el nivelazo de la traducción literal; y la española, por tener que ver algo así en su propio idioma, que ya tiene bastante con las tildes.
Así que ya sabéis, la próxima vez que os encontréis un cartel o una interfaz mal traducida, pensad en este cajero de Gibraltar. Puede que no os dé dinero, pero sí una buena carcajada. Y recordad: un buen traductor vale su peso en oro… o al menos, evitará que vuestros clientes intenten ‘tener’ un botón.
