Hay días tontos y luego está el día que un caballo decide que su propósito en la vida es convertirse en una máquina de derribar buzones. La escena se desarrolló en Golden Gate Estates, Florida, un sitio que, por lo visto, es menos tranquilo de lo que su nombre sugiere, justo en la víspera de la Nochebuena.
El protagonista de esta aventura, un equino con un claro deseo de libertad y posiblemente un rencor ancestral contra la correspondencia, andaba desbocado por la zona. Su itinerario improvisado le llevó a toparse con un humilde buzón, un encuentro que, según las pruebas, resultó ser fatal para la estructura postal. Sí, amigos, el caballo impactó contra el buzón con una precisión tal que haría pensar que llevaba una cuenta pendiente con el servicio de correos.
Los agentes de la Oficina del Sheriff del Condado de Collier acudieron a la llamada, probablemente pensando que iban a encontrarse con algo mucho más rutinario que un accidente de tráfico equino-postal. Al llegar, se encontraron con el animal, un poco revuelto, pero aparentemente en buenas condiciones.
Tras la espectacular colisión, los oficiales tuvieron que detener al cuadrúpedo. No le pusieron esposas, pero sí lo llevaron a un alojamiento temporal de lujo: el corral de caballos de la propia Oficina del Sheriff. Unas pequeñas vacaciones forzadas mientras se encargaban de localizar a su legítimo propietario. Un portavoz del Sheriff de Collier confirmó el incidente y la posterior detención.
Lo más importante es que, aparte de un corte menor en una de sus patas –una herida de guerra leve en su cruzada contra la correspondencia–, el caballo estaba en buen estado. El buzón, por otro lado, pasó a mejor vida. Finalmente, el propietario fue localizado y el caballo, que seguramente ya estaba planeando su próxima huida y su nuevo objetivo (¿un hidrante, quizás?), fue devuelto a casa. La moraleja: cuando un caballo tiene que enviar un mensaje, lo hace de forma directa y destructiva.




