
¿Quién dijo que el crimen no compensa? Porque el protagonista de nuestra historia de hoy, un caballero de 33 años con muy poca cabeza, seguro que no. Prepárense para la epopeya de un Porsche Cayenne S en llamas, un plan de seguros que más bien parecía un sketch de comedia y unas cámaras de seguridad con una memoria prodigiosa.
Nuestro intrépido (y bastante torpe) «pirómano» particular, Ardavan H., decidió que su lujoso Porsche Cayenne S, que por cierto, ni siquiera era suyo (estaba alquilado a una empresa, un detalle menor, ¿verdad?), necesitaba una jubilación anticipada… y muy, muy, muy caliente. ¿Y qué mejor manera de conseguirlo que prenderle fuego en el aparcamiento de un centro comercial en Vösendorf, Austria? Sí, en plena luz del día, con posibles testigos y, por supuesto, con el ojo omnipresente de las cámaras de seguridad. Porque si vas a cometer un delito, hazlo a lo grande y con público.
La secuencia de eventos que llevó a este espectáculo pirotécnico es digna de mención. Ardavan, aparentemente en un estado de nerviosismo o quizá simplemente con una puntería regulera, inició su periplo conduciendo el coche de manera errática. No contento con eso, decidió añadir un poco de drama extra a la escena atropellando (afortunadamente, de forma leve) a un peatón. Pero la cosa no quedó ahí: el Cayenne, probablemente ya harto de la situación, acabó chocando contra una barrera de hormigón. Un pequeño detalle, ¿verdad?
Después de esta accidentada «performance» de conducción, Ardavan H. demostró su temple… o su desesperación. Sacó un bidón de gasolina y, con una calma que roza lo inquietante, roció el interior y el exterior del vehículo, dándole el toque final con un buen mechero. ¡Y voilà! El Porsche se convirtió en una hoguera. Los bomberos, que son menos de bromas que nuestro amigo, llegaron rápidamente para apagar el incendio, salvando lo que quedaba del pobre coche y evitando males mayores en el aparcamiento.
Lo que Ardavan H. no tuvo en cuenta (o directamente ignoró) es que hoy en día, las cámaras están en todas partes. Y claro, las del centro comercial no solo grabaron la escena completa, sino que también sirvieron para que la policía le echara el guante. Ahora, la policía de Austria está investigando este «brillante» caso de fraude al seguro, que pinta más a comedia de enredos que a un plan maestro.
Así que, amigos, la lección del día es clara: si vais a intentar un fraude al seguro con un coche de lujo, quizás evitad los aparcamientos concurridos, los peatones y, sobre todo, los bidones de gasolina mientras las cámaras os graban. No vaya a ser que vuestro «incendio provocado» acabe siendo un «incendio provocado… y grabado» y, de paso, os quedéis sin Porsche y con unos cuantos problemas legales. ¡Menuda jugada!
