El blanco artificial de los dientes estadounidenses genera rechazo en todo el mundo

El blanco artificial de los dientes estadounidenses genera rechazo en todo el mundo
La obsesión de Estados Unidos por las sonrisas de un blanco nuclear y simetría milimétrica causa estragos fuera de sus fronteras. Desde ser apodados dientes de pavo en Europa hasta infundir desconfianza o miedo, los dentistas y ciudadanos del resto del mundo huyen de esta estética plástica.
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El código de barras que delata a los turistas

Imagínate esto: vas en un autobús por una zona remota de Australia Occidental. Sonríes por pura cortesía a la persona que tienes al lado y, en lugar de devolverte el gesto, te suelta: «Tienes una sonrisa muy bonita. ¿Eres de Estados Unidos?». Esto es exactamente lo que le ocurrió a Tawanna Marie Woolfolk. Sus dientes no estaban hechos para pasar desapercibidos; eran un cartel de neón que gritaba su nacionalidad.

Paciente en el dentista sonriendo

En su país natal, la sonrisa de Woolfolk era lo más normal del mundo. Pero en el extranjero, esa blancura nuclear y alineación perfecta generan de todo menos admiración. Mientras el mercado de la odontología estética en Estados Unidos se encamina a superar los 20.000 millones de dólares este año, fuera de sus fronteras, la famosa sonrisa de Hollywood produce confusión, sospecha y bastante grima.

Dientes de pavo y espantadas en Tinder

Crucemos el charco hasta el Reino Unido. Amit Raj, un consultor escocés, lo tiene claro. Allí a esta moda se la conoce con un nombre que no deja lugar a dudas: turkey teeth o dientes de pavo. El término surgió para burlarse de los británicos que viajaban a Turquía para ponerse carillas baratas y artificiales, pero ahora se aplica a cualquier boca que parezca recién salida de un anuncio de dentífrico.

Y ojo, que la cosa llega al terreno sentimental y profesional:

  • En las aplicaciones de citas: Las mujeres británicas en Tinder tienen claro su mayor rechazo o ick: los hombres con dientes de pavo.
  • En el mundo laboral: Raj confiesa que en reuniones por videollamada con ejecutivos estadounidenses le cuesta concentrarse. «Solo puedo pensar en esos dientes fluorescentes devolviéndome la mirada», asegura.

Enseñar los dientes es instinto animal

Para el compositor Juan María Solare, nacido en Argentina y afincado en Alemania, el rechazo va mucho más allá de lo estético. Para él, una sonrisa inmensa y perennemente blanca es motivo de alerta instintiva.

«En el mundo animal, enseñar los dientes rara vez se asocia con la felicidad. Normalmente indica agresión o amenaza. Los humanos somos animales con etiqueta, pero esas asociaciones instintivas siguen bajo la superficie», afirma Solare.

Comparativa de blanqueamiento dental

Además, en la República Checa, la costumbre americana de sonreír abiertamente a desconocidos no se ve como un acto de amabilidad. Jiri Padour explica que si alguien te asalta por la calle con una sonrisa gigante, lo primero que piensas es: «¿Conozco a esta persona o está intentando ligar conmigo?».

Limar dientes sanos y blanqueamientos peligrosos

Pero, ¿qué están haciendo los estadounidenses para conseguir estas sonrisas de porcelana? La doctora Ambereen Fatima, que estudió en India antes de abrir su clínica en Massachusetts, se llevó las manos a la cabeza al ver el contraste. En India, al dentista se va por salud. En Estados Unidos, los pacientes exigen limar agresivamente el esmalte de dientes completamente sanos solo para encajar carillas que parezcan hechas en serie.

Por no hablar del blanqueamiento casero. En la Unión Europea, los productos de venta libre no pueden superar el 0,1% de peróxido de hidrógeno por seguridad. En Estados Unidos, puedes ir al supermercado y comprar fórmulas químicas altísimas que, usadas sin supervisión ni moldes personalizados, provocan quemaduras graves en las encías y daños irreparables en el esmalte.

El encanto de ser imperfecto

Afortunadamente, no todo el planeta busca parecer un clon artificial. La doctora Anabella Oquendo, de la Universidad de Nueva York, es firme defensora de las imperfecciones perfectas. En países como Japón, por ejemplo, tener los dientes ligeramente torcidos (lo que llaman yaeba) se considera encantador, natural y juvenil. De hecho, ¡hay japoneses que pagan por intervenciones para desalinear su dentadura!

Al final, Tawanna Marie Woolfolk encontró la paz lejos de casa. En Australia, el ligero espacio entre sus dientes frontales, que en Estados Unidos siempre vio como un defecto a corregir, se convirtió en una virtud. La gente local se lo señalaba y le enseñaba los suyos propios con orgullo. «Por primera vez en mi vida, no me avergoncé de mi sonrisa», confesó. Una demostración clara de que, a veces, la verdadera belleza reside en ser natural y huir de los estereotipos de plástico.