
Madre mía, la vida online no deja de sorprendernos. Si creías que lo habías visto todo, agárrate, porque la historia que nos llega del mundillo ‘barefoot’ te va a dejar con la boca abierta y, quizás, con un poco de grima.
El movimiento ‘barefoot’ es, en esencia, algo precioso. Hablamos de gente que ha decidido redescubrir el placer de andar o correr descalzo, conectando con la tierra, mejorando la postura y, en general, buscando una vida más natural y saludable. Comunidades como la Barefoot Runners Society o los Barefoot Hikers nacieron con esa intención: ser un espacio de apoyo, consejos y camaradería para quienes han dejado los zapatos en el armario. Un sitio donde compartir la pasión por sentir cada piedra, cada brizna de hierba, bajo la planta de los pies.
Pero, como suele pasar en esto de Internet, lo que empieza bien, a veces se tuerce de maneras insospechadas. Resulta que estas idílicas comunidades descalzas han sufrido una ‘invasión’ de un tipo muy particular: los fetichistas de pies. Sí, lo has oído bien. Lo que era un oasis de purismo y bienestar se ha convertido, para muchos, en el paraíso del fetichismo podal.
Los administradores de estos grupos están que se suben por las paredes. Y no es para menos. Sus foros y redes sociales se han llenado de comentarios que, aunque a primera vista parezcan inofensivos («¡Qué pies tan bonitos tienes!»), esconden intenciones bastante menos inocentes. «Me encanta cómo se ven tus pies», «Barefoot y embarazada»… son solo algunos ejemplos de las perlitas que se cuelan. Y la cosa no queda ahí: también hay fotos explícitas que aparecen de la nada, peticiones de encuentros de lo más extrañas y, en general, un ambiente que roza lo creepy y ahuyenta a cualquiera con dos dedos de frente.
Michael Sandler, un administrador que se las ve y se las desea en «Run Barefoot Faster», lo tiene claro: la plaga de fetichistas está «bastante descontrolada». Distinguir a un entusiasta genuino de alguien con intenciones menos… ortopédicas, se ha vuelto una misión imposible. Es un auténtico quebradero de cabeza moderar y mantener el espíritu original del grupo. Han intentado con reglas claras, como «nada de fetichistas», pero parece que hay gente que no entiende de límites, ni de calzado.
Así que, mientras unos buscan la libertad de los pies descalzos y los beneficios para la salud, otros solo ven la oportunidad de satisfacer sus intereses más… personales. Una situación, cuanto menos, curiosa y que demuestra que, en la jungla de Internet, hasta la actividad más inocente puede ser objeto de las más extrañas (y divertidas) de las invasiones. ¡Menudo lío tienen montado los amigos del ‘barefoot’!
