El Banco Central holandés manda a Google a paseo… ¡y contrata la nube del Lidl!

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¿Quién no ha ido al Lidl a por el pan y ha acabado comprando una amoladora, unos calcetines térmicos y… una infraestructura en la nube para todo un país? Pues más o menos esto es lo que le ha pasado al Banco Central de los Países Bajos (DNB).

Cansados de depender de los gigantes estadounidenses como Amazon, Google o Microsoft, y con el miedo en el cuerpo por el posible espionaje internacional, han decidido llevarse sus datos más sensibles a la filial tecnológica del archiconocido supermercado alemán.

Fachada de un supermercado Lidl

¿Desde cuándo el Lidl vende servidores?

Resulta que el grupo propietario de Lidl y Kaufland, Schwarz Group, lleva años desarrollando su propia infraestructura cloud europea, bautizada como Stackit, bajo su brazo tecnológico Schwarz Digits. Lo que originalmente empezó siendo un sistema informático interno para gestionar sus propios supermercados sin depender de terceros, ahora se ha convertido en una alternativa real en el continente, con una brutal inversión reciente de 11.000 millones de euros en un gran centro de datos en Lübbenau.

Aunque a primera vista suene a chiste, el banco holandés no es el primer gigante en confiar en los creadores del robot de cocina Monsieur Cuisine. En su cartera de clientes europeos ya destacan nombres muy potentes:

  • Kaufland: La otra gran cadena de supermercados del conglomerado alemán.
  • Deutsche Bahn: La todopoderosa red ferroviaria de Alemania.
  • Bayern de Múnich: El mítico equipo de fútbol bávaro gestiona sus datos con ellos.
  • SAP: El gigante mundial del software corporativo, que no dejaría su información en manos de cualquiera.

El pánico a que el Tío Sam meta las narices en las cuentas

La decisión del director del DNB, Steven Maijoor, de pasarse a los servidores del supermercado, responde a una necesidad crítica de soberanía digital. El problema principal radica en la polémica Cloud Act de Estados Unidos. Esta legislación obliga a cualquier empresa estadounidense a entregar los datos de sus usuarios a las autoridades de EE. UU. si estas lo solicitan, sin importar en qué país del mundo esté físicamente el servidor.

Y ojo, que el peligro no es una exageración teórica. El año pasado se desataron las alarmas internacionales cuando un fiscal de la Corte Penal Internacional de La Haya fue bloqueado y expulsado de su propia cuenta de correo electrónico de Microsoft por orden directa de la administración del entonces presidente Donald Trump. Tras semejante susto diplomático, la Corte también está huyendo despavorida de los sistemas estadounidenses.

«Por eso, con cada nuevo paso hacia la nube, evaluamos explícitamente los riesgos geopolíticos y exploramos cómo podemos reducir nuestra dependencia», confesó un portavoz del DNB tras anunciarse este curioso acuerdo.

En definitiva, ante el temor a que sus secretos financieros acaben en un despacho de Washington, las altas esferas holandesas han preferido apostar por lo local. Habrá que ver si esta nueva infraestructura informática resulta ser tan robusta como prometen o si, por el contrario, es otra de esas compras de pasillo central que acaba dando problemas a los dos días.