El atraco del siglo un diamante por un reloj de bazar

El atraco del siglo un diamante por un reloj de bazar
Un hombre en Pensilvania ha sido condenado a 16 meses de cárcel tras intercambiar un anillo de diamantes valorado en 8.000 dólares por un reloj de pulsera de 10 dólares en una joyería. La chapuza del robo, capturada por las cámaras de seguridad, le salió muy cara.
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A ver, que levante la mano el que no haya fantaseado alguna vez con dar el palo maestro. Pero lo que hizo David Ridenour en Pensilvania no fue un palo, fue una de las chapuzas más surrealistas vistas en el mundo del crimen menor, con tintes de mercadillo. Este hombre, que parece haber confundido una joyería de lujo con la sección de gangas de un bazar, entró tan pancho en el establecimiento con un plan tan ambicioso como absolutamente ridículo: cambiar una joya de ocho mil dólares por algo que no vale ni para mirar la hora si está nublado.

La escena, capturada con todo lujo de detalles por las cámaras de seguridad de la tienda, es oro puro. Ridenour pidió probarse un anillo de diamantes de esos que te brillan hasta en la oscuridad, valorado en la friolera de 8.000 dólares. Lo manejó, lo admiró y, con una destreza digna del Inspector Gadget, realizó el cambiazo sin que nadie se percatara en el momento.

¿Y qué puso en el expositor en lugar de la joya? Un reloj de pulsera digital que cuesta unos diez míseros dólares. Diez. Lo que te cuesta un par de cañas o un menú del día de los malos. Se conoce que el hombre intentó hacer de la táctica del despiste un arte, pero la disparidad de valor era tan abismal que era cuestión de tiempo que el pastel se descubriera.

Los joyeros, o estaban a por uvas o simplemente no podían concebir tal nivel de caradura y desfachatez, porque la jugada no se descubrió hasta el día siguiente, cuando al hacer inventario se dieron cuenta de que el expositor de alta gama albergaba una pieza de tecnología de baratillo en lugar de un anillo con quilates de verdad.

Como era de esperar, David ha pagado el pato por su ‘negocio’. Recientemente ha sido sentenciado a 16 meses en prisión por hurto mayor. Y es que claro, cuando mezclas un historial de robos (sí, no es su primera vez) con una ejecución tan… peculiar, el juez no te va a dar palmaditas en la espalda. Al final, lo que parecía un golpe de ingenio digno de película de serie B se ha convertido en una historia para no dormir. Si vas a robar un diamante, por favor, que el intercambio no parezca una broma de cámara oculta.