El atracador que se delató en directo en la televisión

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En un giro de guion que ni el mejor dramaturgo podría haber imaginado, Lorenz Krauss nos demostró que a veces, la sinceridad extrema puede jugarte una mala pasada, especialmente si las cámaras están rodando en una emisora de televisión. Este individuo, que bien podría ser el protagonista de una comedia de situación, se presentó en la cadena KOVR-TV de Sacramento para una entrevista. ¿El motivo? Había sido víctima de un ataque. Un asunto serio, sí, pero lo que ocurrió después eclipsó cualquier historia de agresión.

Con el micrófono delante y la luz roja de ‘al aire’ brillando, Krauss no encontró mejor momento para desvelar un secreto a voces… que solo él conocía. De repente, sacó una nota del bolsillo –¡sí, una nota, como si fuera a leer un poema o la lista de la compra!– y con toda la calma del mundo, empezó a leer. ¿Qué contenía ese misterioso papel? Nada menos que una confesión en toda regla de un atraco a un banco Washington Mutual. Y para rematar la faena, justificó su fechoría con un argumento tan simple como desesperado: «Estaba hambriento».

Imagínate la cara del entrevistador. O la de los técnicos de control. Probablemente tuvieron que frotarse los ojos varias veces. Lo que empezó como una entrevista sobre un incidente menor, se transformó en una autoincriminación digna de un guion de los hermanos Coen. El personal de la cadena, con la profesionalidad que les caracteriza y el susto en el cuerpo, no tardó ni un segundo en llamar a la policía. Y así, en un abrir y cerrar de ojos, Lorenz Krauss pasó de ser el entrevistado a ser el detenido, directamente en las instalaciones de la CBS.

Pero la historia no termina ahí. La cosa era tan gorda que el FBI, al tratarse de un atraco a un banco, no tardó en meter sus narices. Resulta que nuestro «confesor hambriento» no era un novato precisamente. Ya había sido arrestado por otro atraco bancario en 2004. Parece que robar bancos y, digamos, tener una particular forma de comunicarse con la autoridad, era una constante en su vida. En fin, que si alguna vez te sientes tentado a confesar tus crímenes, quizás la oficina de policía sea un lugar más discreto que un plató de televisión. O al menos, no lleves la confesión escrita en un papelito.