
Imaginen por un momento la tarea titánica de un eminente genetista de Harvard, el Dr. George Church, tratando de justificar su currículum, específicamente la línea donde pone: ‘Asesor Jefe de Ciencia para Jeffrey Epstein’. La situación es tan incómoda que roza lo absurdo. Y la defensa que ha presentado el respetado científico es digna de análisis en un seminario sobre negación avanzada.
Church, una auténtica lumbrera en el campo de la genética, no niega su relación con el infame financiero y convicto por delitos sexuales. Al contrario, la confirma, pero con un matiz que, para él, lo cambia todo. Según Church, Epstein era un maestro en el arte de la compartimentación, un virtuoso de la doble vida que hacía que el Dr. Jekyll pareciera un aficionado. Existía el Epstein filántropo, brillante y visionario que financiaba la ciencia puntera, y luego estaba el otro, el que todos conocemos. Y, milagrosamente, Church asegura que solo interactuó con el primero.
“Me mantuvo completamente separado de su lado sexual”, ha asegurado Church, dando a entender que Epstein tenía un estricto código de conducta profesional: nada de asuntos turbios durante las reuniones sobre secuenciación de ADN. Parece ser que Epstein era tan meticuloso que podía financiar investigaciones de vanguardia mientras mantenía en secreto una red de tráfico sexual, sin que el olor a azufre llegase a la sala de juntas.
El genetista admite ahora que lamenta profundamente su asociación, pero defiende que en su momento, Epstein era visto por muchos (incluyendo a grandes nombres como Bill Gates y Stephen Hawking) como un tipo con dinero y buen ojo para la ciencia. Era el mecenas perfecto que hacía posibles los experimentos más locos. Es la clásica historia de “yo solo vi la parte buena”, aunque la parte mala fuese un secreto a voces de dimensiones cósmicas. En fin, que el Dr. Church, dedicado a desentrañar los secretos del genoma humano, parece que fue víctima de una ceguera selectiva o de una ingenuidad de proporciones históricas. O quizás simplemente, cuando hay mucho dinero de por medio, es fácil creer que el jet privado es solo para llevar el equipo de laboratorio.
