
Hay gente que para entrar en el libro Guinness de los Récords levanta pesos imposibles, corre a velocidades de vértigo o construye la torre de naipes más alta del mundo. Y luego está David Rush, un señor de Idaho que ha decidido que su camino a la gloria está pavimentado con… esponjas mojadas. Directas a la cara.
No es una broma. Rush, que tiene como misión personal promover la educación en ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas (STEM), se ha propuesto batir tantos récords como le sea posible. Y ya lleva más de 250, que se dice pronto. Para su última hazaña, reclutó a su vecino, Jonathan Hannon, para una tarea de alta precisión: lanzarle esponjas empapadas a la cara lo más rápido posible.
El objetivo era superar el récord de ‘más esponjas mojadas lanzadas a una persona (en la cara) en 30 segundos’. La marca a batir era de 32. Las reglas del juego eran claras: cada esponja debía medir al menos 10×10 centímetros y estar completamente saturada de agua para que el ‘impacto’ contara.
Dicho y hecho. En el jardín de su casa, con Hannon como lanzador de élite y Rush poniendo, literalmente, su mejor cara, comenzó la cuenta atrás. Durante medio minuto, un chaparrón de esponjas voló hacia el rostro de David. El resultado fue un éxito rotundo y, probablemente, una buena limpieza de cutis. Consiguieron un total de 38 impactos certeros, destrozando el récord anterior y sumando una nueva y curiosa marca al impresionante palmarés de Rush.
