El antojo más caro: llama al 911 porque no le sirven una hamburguesa y acaba arrestado por conducir ebrio

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El peor plan de madrugada de la historia

Incidente en restaurante de comida rápida

Todos hemos sentido alguna vez ese hambre voraz que ataca de madrugada después de haber tomado unas copas de más. Sin embargo, un hombre de 38 años residente en Sylvan Lake, en la provincia canadiense de Alberta, llevó el concepto del antojo nocturno a un nivel completamente surrealista. Su insaciable deseo de comer carne entre dos panes le hizo tomar la peor decisión posible: llamar a emergencias para denunciar que no le estaban sirviendo su cena.

Una llamada al 911 digna de comedia

El incidente tuvo lugar un domingo, poco antes de las cuatro de la madrugada. La Real Policía Montada del Canadá (RCMP, por sus siglas en inglés) de la ciudad de Red Deer recibió una llamada al 911 verdaderamente inusual. Al otro lado de la línea, un hombre solicitaba asistencia policial urgente en un local céntrico de comida rápida o fast food. ¿El grave delito? Los empleados del establecimiento le exigían que se marchara sin entregarle su ansiada cena.

Según el indignado cliente, él no había hecho absolutamente nada malo y consideraba una terrible injusticia marcharse con las manos vacías tras haber conducido durante 35 largos minutos única y exclusivamente para devorar una hamburguesa.

La honestidad de un conductor ebrio

Cuando la patrulla llegó al aparcamiento del restaurante, se encontraron con el vehículo y su hambriento conductor. Lejos de intentar disimular, el hombre relató a los agentes que no le gustaba el tono con el que le habían hablado los trabajadores. En un alarde de sinceridad que le saldría muy caro, el sujeto admitió abiertamente estar borracho, confesando que había decidido esperar la llegada de la policía porque seguía queriendo su hamburguesa a toda costa.

Los agentes entraron al establecimiento para conocer la versión de los trabajadores. El personal del local explicó de manera muy lógica que sus sistemas informáticos habían dejado de funcionar temporalmente y, por lo tanto, les resultaba físicamente imposible atender pedidos en ese momento.

Sin cena, sin coche y sin carnet

La investigación policial ató los cabos sueltos rápidamente. El hombre que les había llamado para quejarse era el mismo que había conducido hasta allí bajo los efectos del alcohol. Tras observar claros signos de intoxicación, los agentes le exigieron que se sometiera a una prueba de alcoholemia.

El conductor se negó en rotundo a proporcionar la muestra de aliento, lo que automáticamente derivó en un absoluto desastre para él. Se le aplicó una sanción inmediata en carretera, que se tradujo en la suspensión de su carnet de conducir y la incautación de su vehículo bajo la Traffic Safety Act o Ley de Seguridad Vial.

«Recordamos a todos los conductores que planifiquen con antelación y organicen un conductor designado si han consumido alcohol u otras sustancias intoxicantes. No hay lugar en nuestras carreteras para los conductores ebrios», sentenció la policía en un comunicado de prensa posterior.

Al final de la noche, el protagonista de esta historia se quedó sin hamburguesa, sin coche, con antecedentes y con un nivel de vergüenza que seguramente le durará mucho más que la resaca.