La tecnología de consumo nos sorprende día a día, pero generalmente esperamos que lo haga mejorando nuestra vida, no intentando dejarnos sin extremidades. El lanzamiento del Samsung Galaxy Ring, la prometedora incursión del gigante surcoreano en el mercado de los wearables discretos, ha pasado de la expectación al pánico en cuestión de horas.
Según múltiples reportes que han corrido como la pólvora en foros y redes sociales, el anillo inteligente está experimentando un fallo de diseño o material catastrófico: ¡se hincha! No estamos hablando de un leve aumento de volumen por dilatación térmica, sino de una expansión dramática y súbita que convierte este elegante gadget en un improvisado tornillo de banco.
Imagina la escena: estás monitorizando tu sueño o tu actividad física con la última maravilla tecnológica, cuando de repente sientes una presión incómoda, que rápidamente se convierte en dolor punzante. Los usuarios afectados describen cómo el anillo comienza a apretarse con una fuerza inhumana, atrapando su dedo y amenazando con interrumpir el riego sanguíneo. En resumen, han pagado una fortuna para que un mini-gadget les intente convertir el dedo en una salchicha mal atada.
Este tipo de incidentes, además de ser extremadamente dolorosos, plantean serios problemas de seguridad. Un dispositivo que se supone que debe ser llevado 24/7 y que contiene componentes electrónicos y baterías no debería, bajo ninguna circunstancia, convertirse en un peligro físico. Aunque aún se desconoce la causa exacta –si es un problema de baterías de litio que se expanden, un defecto en el polímero o un diseño que reacciona mal a ciertos factores–, lo cierto es que la noticia ha puesto en jaque la credibilidad de uno de los wearables más esperados de la década. Samsung tiene ahora el reto de desenrollar este entuerto antes de que el «Galaxy Ring» se convierta en el «Galaxy Clamp».




