
Imaginad la escena: un Día del Recuerdo, en pleno centro de Manchester, la gente reunida para homenajear a los caídos, todo solemnidad y respeto. Y entre la multitud, un tipo se pasea luciendo un uniforme de Almirante de la Royal Navy que ni pintado… bueno, pintado sí, pero de baratillo. Nuestro protagonista, Craig Joseph, un señor de 49 años, había decidido que ese día era perfecto para lucir su mejor disfraz. Y no un disfraz cualquiera, no. Joseph iba cargado de medallas que relucían al sol, incluyendo la prestigiosa Cruz Militar y varias insignias de la Guerra de las Malvinas. ¡Casi nada!
El problema es que, como dice el refrán, «se pilla antes a un mentiroso que a un cojo». Y en este caso, la cojera era más bien de impostura. Porque mientras Craig se pavoneaba como si fuera el mismísimo Nelson, tuvo la mala pata de cruzarse con un Almirante de verdad, un tal Chris Snow. Sí, sí, un Almirante DE VERDAD. Y claro, el ojo clínico de un marino veterano no se le escapa una.
El Almirante Snow, con la sutileza que da la experiencia, se acercó al ‘colega’ y le lanzó la pregunta clave: «¿En qué barco sirvió usted, Almirante?». La respuesta de Joseph, «En el HMS Broadsword», no debió sonar muy convincente. Seguramente, su interlocutor notó que la historia hacía aguas por todas partes, como un submarino con el periscopio oxidado. Y es que el Almirante Snow sabía de sobra que Joseph no tenía pinta de haber visto un crucero más allá de una revista de viajes.
El desenmascaramiento fue instantáneo. Poco después, la policía, alertada, se llevó a nuestro «lobo de mar» de pega. Los cargos: vestirse de uniforme sin autorización y con intención de engañar. Vamos, lo que viene siendo un ‘Walter Mitty’ de libro, de esos que se inventan vidas de película para llenar el vacío o, simplemente, para llamar la atención.
Aunque la situación tenga su punto cómico, la verdad es que la ley se lo toma bastante en serio. En Reino Unido, estas fantasías uniformadas pueden salir caras: hasta seis meses de cárcel y una multa de 1.000 libras. Y para que veáis que Joseph no era el único con ganas de protagonismo, la noticia mencionaba que hubo otros dos o tres casos similares ese mismo Día del Recuerdo. Parece que la vocación de «Almirante por un día» estaba de moda, aunque la verdad, es mejor dejárselo a los que sí se lo han currado. ¡Menudo papelón!
