Imagina un mosquito zumbando por tu jardín una noche de verano. Y ahora imagina que, de la nada, un cacharro del tamaño de un botón lo persigue y lo revienta en el aire. No es el argumento de una película de serie B: es exactamente lo que promete Tornyol, una startup respaldada por la aceleradora Y Combinator.
La compañía, fundada por los ingenieros franceses Alex Toussaint y Clovis Piedallu, ha construido un microdron de 40 gramos que localiza a los mosquitos por el zumbido de sus alas y los derriba embistiéndolos en pleno vuelo. Sin espráis y sin química (mala noticia para la industria de los insecticidas): puro impacto.
¿Cómo caza un mosquito un dron de 40 gramos?
El secreto está en el oído. Una estación base emite señales de ultrasonido y los drones, equipados con micrófonos muy sensibles y sensores de aparcamiento reciclados, escuchan el eco. Cada mosquito bate las alas con una firma acústica única, una especie de huella dactilar sonora que, según la empresa, permite distinguirlo de una abeja o una avispa inofensivas.
Una vez fijado el objetivo, el dron hace lo más rudimentario del mundo: se lanza contra el bicho y lo golpea con una de sus cuatro diminutas hélices. Nada de láseres futuristas ni descargas eléctricas; un choque a toda velocidad y adiós, mosquito.
El pasado 14 de julio, Toussaint publicó el vídeo del primer «derribo aire-aire» del prototipo: el dron persiguió y pulverizó a una polilla dentro de un recinto cerrado, dejando una nubecita de polvo de alas. Seamos honestos: era una polilla, no un mosquito, y el aparato de momento solo aguanta unos tres minutos de vuelo antes de volver a cargar. Pero la idea, por absurda que suene, funciona.
¿Por qué llenar el jardín de drones cazadores?
Porque el mosquito no es solo un incordio veraniego: es un asesino en serie diminuto. Las enfermedades que transmite matan a más de 700.000 personas al año —unas 600.000 solo por malaria—, y los métodos actuales de control son caros y contaminantes; los hay tan pintorescos como criar mosquitos por millones. Tornyol calcula que su enjambre de drones podría abaratar cien veces esa batalla, y esa es la baza que enseña a sus inversores.
El plan doméstico es igual de marciano: un dron más una estación de carga que patrulla tu jardín las 24 horas, vendido como una suscripción mensual. Vamos, un gato cazador, pero volador y con enchufe.
«Como estos drones son tan pequeños, baratos y a la vez tan rápidos, podremos matar mosquitos a una escala y a un coste sin precedentes», resume el manifiesto de la empresa.
Queda por ver si un ejército de botones voladores puede de verdad ganarle la guerra al mosquito o si acabará, como tantos inventos igual de estrafalarios, en una anécdota simpática. Pero reconócelo: la próxima vez que uno te zumbe en la oreja a las tres de la madrugada, vas a desear tener uno de estos rondando el techo.
Vía Oddity Central.

