Dos tejones se montan la fiesta padre con cerezas fermentadas en una estación alemana

Dos tejones se montan la fiesta padre con cerezas fermentadas en una estación alemana
La policía de Wittenberg, Alemania, tuvo que intervenir tras recibir un aviso de dos tejones "borrachos" en una estación de tren. Los mamíferos se habrían pasado de la raya comiendo cerezas fermentadas de un árbol cercano. Lograron escapar antes de que llegara el cazador.
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Que levante la mano el que nunca se ha puesto fino a base de fruta fermentada. A ver, que levante la pata, en este caso. El panorama que se encontraron las autoridades de Wittenberg, en Alemania, era digno de una comedia de enredo animal. La policía recibió una llamada de emergencia por una alteración del orden público inusual: dos tejones estaban montando el numerito en una estación de tren. Pero no eran tejones cualesquiera, ¡estaban visiblemente embriagados!

Según la hipótesis policial, los dos pequeños gamberros se habían dado un auténtico atracón de cerezas que habían caído de un árbol cercano. El pequeño problema es que, al estar en el suelo, las frutas ya habían iniciado el proceso de fermentación, convirtiéndose en un potente licor silvestre. El resultado: dos tejones totalmente pasados de rosca y tan confusos que eran incapaces de moverse o de saber dónde tenían la madriguera.

Un portavoz de la policía confirmó que los animales estaban en un estado lamentable, sufriendo claramente los efectos del alcohol de cereza. Estaban tan desorientados que la estación parecía haberse convertido en el after de su fiesta privada. El protocolo de seguridad, ante tamaña juerga, requería la intervención de un experto en fauna. Así que se contactó rápidamente con un cazador local para que acudiera a gestionar la situación y asegurar que los tejones pudieran recuperarse del ‘coma etílico’ en un lugar seguro.

Sin embargo, la resaca dura poco cuando eres un tejón fiestero. Justo antes de que el cazador llegara al lugar de los hechos para recoger a la pareja de borrachuzos, estos debieron sentir el clásico impulso de ‘voy a potar y a buscar un sofá’. Desaparecieron sin dejar rastro, presumiblemente para buscar un sitio tranquilo donde dormir la mona. La moraleja: cuando un tejón te invita a chupitos de cereza, mejor di que no. O al menos, asegúrate de que tiene un taxi de vuelta pagado.