Dormir desnuda en un décimo piso y encontrarte con público

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Hay costumbres que, aunque parezcan inofensivas, pueden acabar en un drama con tintes de comedia. Que se lo digan a la señora Cao, una residente de Changsha, en la provincia china de Hunan. Para ella, dormir como llegó al mundo era un placer cotidiano, una rutina de libertad personal amparada por la aparente invulnerabilidad de su apartamento en un décimo piso. Con las cortinas abiertas, se sentía segura, convencida de que ninguna mirada indiscreta podría alcanzar su fortaleza de cristal.

Pero la realidad, a veces, se descuelga por la fachada. La mañana del 29 de junio, el sueño reparador de Cao se vio interrumpido por un ruido extraño. Al abrir los ojos, el panorama no era el habitual. Dos hombres, pertrechados con su equipo de limpieza, estaban suspendidos en una plataforma justo al otro lado de la ventana de su dormitorio. Y no solo eso: según su relato, la estaban mirando fijamente y, para más inri, se reían. El grito de Cao fue tan instantáneo como comprensible, y los trabajadores se retiraron de inmediato. Sin embargo, el daño ya estaba hecho.

El incidente dejó a la mujer en un estado de shock. Asegura que la experiencia le ha provocado una depresión, le ha quitado el sueño y el apetito. Indignada, se puso en contacto con la administración del edificio para quejarse. Aquí la trama se complica. La administración había publicado un aviso sobre la limpieza de las ventanas en el ascensor el día anterior, pero Cao afirma no haberlo visto. Como gesto de buena voluntad, le ofrecieron una cesta de regalo y un ‘sobre rojo’ con dinero, una disculpa tradicional. Pero para Cao no era suficiente.

La afectada rechazó la oferta y exigió una disculpa formal y que la empresa de limpieza costeara un tratamiento psicológico para superar el trauma. La compañía, por su parte, se defendió alegando que habían seguido el protocolo notificando la limpieza. Los limpiacristales, además, negaron haberse reído de ella, asegurando que simplemente estaban hablando entre ellos.

Como era de esperar en los tiempos que corren, la historia se hizo viral en las redes sociales chinas, dividiendo a la opinión pública. Mientras unos empatizan con la invasión de su privacidad, argumentando que un aviso no da carta blanca para mirar, otros la critican por su ‘exceso de confianza’ al dormir desnuda con las cortinas descorridas y por lo que consideran una reacción exagerada. El debate está servido: ¿dónde termina la libertad personal y empieza la responsabilidad individual? Por ahora, la administración del edificio está mediando para que ambas partes lleguen a un acuerdo, y parece que la empresa de limpieza finalmente ha accedido a cubrir los costes de la terapia.