
Imagínate la escena: eres un policía de Essex, en Inglaterra, patrullando tranquilamente un sábado por la mañana y, de repente, te topas con el sospechoso más improbable en mitad de una acera de Southend. No, no era un caco con pasamontañas, sino una foca. Sí, una foca, con su bigote y su mirada de ‘yo pasaba por aquí’.
Los agentes Glen Foote y Ryan Darwin, que deben tener un sentido del humor a prueba de bombas, no tardaron en bautizar a su resbaladiza detenida como ‘Dopey’. Según el informe policial, la susodicha estaba ‘un poco enfadada pero ilesa’. Tras una breve negociación, consiguieron llevársela para ponerla a buen recaudo en el Hospital de Vida Salvaje de South Essex.
Parecía el final de una anécdota de las que se cuentan en la comida de Navidad, pero Dopey tenía otros planes. Esta foca, que de tonta (traducción de ‘dopey’) no tiene un pelo, decidió que la vida entre cuatro paredes no era para ella. En un giro de guion digno de ‘La Gran Evasión’, Dopey se fugó del centro.
Desde el hospital confirmaron la noticia: la interna más carismática se había escapado de su recinto. ¿Cómo lo hizo? La teoría principal es que esta artista del escapismo, descrita por sus cuidadores como ‘muy luchadora’, consiguió trepar por el cercado y colarse por un pequeño hueco. Un visto y no visto.
Ahora mismo, Dopey es una fugitiva. Las autoridades creen que no ha ido muy lejos y que su instinto la está guiando hacia el río Roach, probablemente para volver a sus quehaceres acuáticos. La policía de Essex y el personal del hospital confían en encontrarla pronto, aunque conociendo su historial, seguro que no se lo pondrá nada fácil.
