
Imaginen el escenario: tienes una tos molesta, acudes al médico en busca de una solución y la cura resulta ser, ejem, un billete de ida al otro barrio. Pues esto es exactamente lo que ha pasado en Rajastán, India, donde una simple dolencia de garganta se ha convertido en un suceso de esos que te hacen levantar la ceja hasta la coronilla.
La cosa va de jarabes asesinos. Dos niños, que supuestamente solo necesitaban un poco de alivio para su tos, han fallecido trágicamente tras tomar una medicina prescrita. No estamos hablando de una sobredosis de pastillas experimentales; hablamos de jarabe para la tos. La policía, ni corta ni perezosa, se ha lanzado al ataque y ha detenido tanto al doctor que firmó la receta como al farmacéutico que dispensó la pócima. ¡Se han ido directamente al trullo por presunta negligencia!
El marrón es mayúsculo. La investigación apunta a que el medicamento en cuestión podría haber estado adulterado o haber sido inapropiado, causando la muerte de los pequeños, uno de Jaipur y otro de Sikar. Es decir, que los profesionales supuestamente encargados de curar, o bien no estaban prestando la atención debida a lo que vendían, o directamente tenían en su stock algo que no pasaría ni el control de calidad de un puesto de kebab callejero.
Este incidente, que bien podría ser la trama de un capítulo de serie negra con toque surrealista, subraya por enésima vez el problema recurrente de los estándares de salud y seguridad de los medicamentos en ciertas regiones. Lo que se supone que te alivia, termina siendo una trampa mortal. Esperemos que, tras el cachondeo y la incredulidad inicial, este suceso sirva para que a alguien se le ocurra revisar los almacenes de las farmacias antes de que la próxima tos nos cueste un disgusto aún mayor. Un ‘recetazo’ que ha salido carísimo, y no en euros.
