Disparo canino accidental a su dueño una historia de pelos y pólvora

Disparo canino accidental a su dueño una historia de pelos y pólvora
Un hombre en Florida sufrió un disparo accidental por parte de su propio perro. Mientras estaba en su camioneta, el can pisó una escopeta en el asiento trasero, que se disparó. La bala atravesó el asiento del conductor, hiriendo al hombre en la espalda con un pulmón colapsado. La policía lo citó por alcohol y marihuana hallados.
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Imagínate la escena: Florida, el sol pegando fuerte, un hombre en su camioneta y su fiel compañero canino, probablemente con la lengua fuera y la cola moviéndose. Todo normal hasta que, ¡pum!, el día da un giro inesperado. Gregory Dale Lanier, que así se llama nuestro protagonista, no esperaba que su perro, por muy leal que fuera, tuviera tan mala pata (literalmente) con las armas de fuego.

El señor Lanier había dejado su escopeta, tan tranquila ella, en el asiento trasero de su furgoneta, justo antes de que la tragedia con un toque de comedia negra se desatara. Su amigo de cuatro patas, en un momento de entusiasmo perruno o simple torpeza, decidió que el gatillo era el lugar perfecto para apoyar una de sus patitas. El resultado, como te puedes imaginar, fue un disparo que resonó en el habitáculo del vehículo.

La bala, con una puntería que ni el mejor francotirador podría replicar de forma tan absurda, atravesó el asiento del conductor y fue directamente a impactar contra la espalda de Lanier. Por suerte, la vida le dio una segunda oportunidad, aunque con un pulmón colapsado y un susto de los que no se olvidan en la vida. El pobre perro, ajeno a todo el alboroto que había montado, salió ileso del incidente, demostrando que a veces, el que la lía parda no es el que más sufre.

Cuando las autoridades llegaron a la escena, la historia que contó Lanier debió de ser digna de un guion de película surrealista. Un perro disparando una escopeta… ¿quién se lo creería? Pero sí, la policía confirmó la versión de los hechos. A pesar de la rocambolesca situación, Lanier no fue acusado por el disparo, pues se consideró puramente accidental. Eso sí, la intervención policial trajo consigo alguna que otra sorpresa para él.

Mientras investigaban el asunto del «perro pistolero», los agentes encontraron en la camioneta de Lanier una pequeña cantidad de marihuana y un recipiente de alcohol abierto. Así que, aunque su perro no le metió en un lío legal por el disparo, el incidente le costó una citación por posesión y consumo, añadiendo un broche de oro un tanto agridulce a una mañana que ya era, de por sí, inolvidable.

Moraleja de la historia: hay que tener cuidado con las armas de fuego, y quizás también con dónde las dejamos cuando llevamos a nuestro querido peludo de copiloto. Porque a veces, el que menos te esperas es el que aprieta el gatillo. ¡Menuda jornada en Florida!