Diddy: la libertad condicional de 1999 que no se muda a Nueva York

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Agárrense, que la historia de hoy parece sacada de un guion de comedia, pero es pura realidad. Sean ‘Diddy’ Combs, el magnate musical que estos días acapara titulares por temas mucho más… digamos, candentes, ha tenido que enfrentarse a un viejo fantasma de su pasado judicial. Y no, no hablamos de fantasmas con sábanas, sino de una libertad condicional por DUI (conducción bajo los efectos del alcohol) que data nada menos que de 1999.

Resulta que Diddy, en un intento por simplificar sus líos (o tal vez para que le pillen menos a mano), solicitó a un juez de Florida trasladar los restos de esta libertad condicional a Nueva York. Pensaría él que, con la que le está cayendo encima, un pequeño papeleo de hace casi un cuarto de siglo sería coser y cantar. Pero no, amigos, el juez Edward Volz Jr. de Collier County ha dicho un ‘nanai de la China’ de manual.

Volvamos a 1999, que es donde empieza la broma. Diddy fue pillado conduciendo bajo los efectos del alcohol y con el carné de conducir suspendido. La sentencia original fue de órdago para la época: tres años de libertad condicional, una multa de 2.000 dólares, 100 horas de servicio comunitario, la temida escuela de DUI y un tratamiento para el abuso de sustancias. Parece que, de alguna manera, aún le quedaban flecos de esa condena por cumplir o gestionar, de ahí la petición de traslado.

La cosa es que, en un momento donde Diddy está en el ojo del huracán por investigaciones federales, acusaciones de tráfico sexual y un montón de controversias que harían palidecer a cualquier estrella del rock, que un juez le deniegue un movimiento administrativo de una condena de la era de los ‘millennials’ es, cuanto menos, hilarante. Parece que el pasado, cuando se trata de papeleo judicial, tiene una fijación especial por no irse de vacaciones.

Así que, mientras sus mansiones son registradas y los focos mediáticos se posan sobre él por asuntos de mucha más enjundia, Diddy se queda con la libertad condicional anclada en Florida. Un recordatorio de que, por mucho que seas una estrella global, la burocracia y las decisiones judiciales pueden ser más tozudas que un murciélago en un campanario. ¡A ver quién le dice ahora que la playa de Florida no tiene su encanto para una visita de control!