Demandado por difamación cibernética tras decir que un avatar digital parece un pulpo

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¡Agárrense, que vienen curvas! La línea entre la realidad y el mundo digital se ha vuelto tan borrosa que ahora, hasta los avatares están bajo la protección de la ley. Y no, no estamos hablando de la película de James Cameron, sino de un caso judicial surrealista que ha tenido lugar en Corea del Sur.

Imaginen la escena: un ciudadano, vamos a llamarle ‘A’, se sentó tranquilamente en casa, navegando por internet, y se topó con el avatar 3D de un streamer muy conocido, apodado ‘B’. El avatar, siendo una representación digital, supuestamente no era del gusto de ‘A’, que decidió compartir su brillante crítica en la sección de comentarios. ¿Y qué dijo? Pues que el diseño digital de ‘B’ «parece un pulpo». Una crítica estética, sí, pero que ha terminado costándole un riñón.

El drama del ‘Pulpo’ y la justicia digital

Lo que para ‘A’ era una chanza más en la inmensidad del internet, para el streamer ‘B’ fue un ataque directo a su negocio. Y es que en el panorama actual de los VTubers (creadores de contenido que usan avatares virtuales) y la creación de contenido, el avatar no es solo un dibujo chulo; es, literalmente, su cara, su marca y su motor económico. El streamer no se lo pensó dos veces y llevó el asunto a los tribunales, acusando a ‘A’ de difamación cibernética.

Puede sonar a broma digna de un mal guion de ciencia ficción, pero la justicia surcoreana se lo tomó muy en serio. El tribunal analizó si insultar a un personaje digital, cuya identidad real permanece en el anonimato, constituía un delito. Y aquí viene lo interesante: el juez falló que sí. La sentencia destacó que, aunque el comentario iba dirigido al avatar, este último es el «rostro comercial» del streamer. Criticar su aspecto de forma despectiva tiene un impacto directo en su rendimiento y reputación profesional, lo que se traduce en pérdidas económicas. O sea, que el pulpo virtual también tiene derecho a que lo respeten.

Cuando un chiste te cuesta 1.400 euros

La broma del pulpo le salió carísima a nuestro crítico amateur. El tribunal condenó a ‘A’ a pagar la friolera de 2 millones de wones (aproximadamente 1.400 euros al cambio actual, ¡casi nada!) en concepto de multa. Además, le cayó una sentencia de prisión suspendida, por si acaso le daba por volver a meterse con figuras geométricas virtuales. Esperemos que ‘A’ tenga un buen colchón para pagar por su falta de tacto artístico con los cefalópodos digitales.

Este caso es un precedente con mayúsculas en el derecho digital. Establece que los avatares utilizados con fines comerciales en Corea del Sur gozan de protección legal en lo que respecta a su apariencia. Ojo al dato, porque esto significa que si tu avatar de Metaverso o tu versión de VTuber tiene un valor monetario, insultarlo puede llevarte a la bancarrota. Así que ya sabéis, la próxima vez que veáis un personaje digital que no os convenza estéticamente, pensadlo dos veces antes de teclear. No vaya a ser que ese pulpo os cueste un pico. Parece que las reglas del juego han cambiado radicalmente: si el avatar es la identidad pública, su reputación debe ser protegida, aunque esté hecho de píxeles y tenga ocho tentáculos en vez de brazos.