
Imagínate la escena: estás en tu celda, soñando con una buena comilona, y de repente, ¡zas!, un dron te trae la cena. Pero no cualquier cena, no. Hablamos de una experiencia gourmet con toque cannábico. Esto no es un guion de película, amigos, sino lo que ha ocurrido de verdad en la prisión de Lee Correctional, en Bishopville, Carolina del Sur.
Los funcionarios de prisiones debieron alucinar cuando avistaron el ‘Uber Eats’ aéreo sobrevolando el patio. No era una paloma mensajera con un trozo de pan, sino un dron de última generación con una misión muy clara: repartir alegría culinaria y algo más a los reclusos. Y la verdad es que el menú era de lo más exótico para un centro penitenciario.
Cuando los agentes lograron interceptar el dron, el botín les dejó con la boca abierta. Dentro del paquete venía… ¡redoble de tambores!… nada menos que dos pares de patas de cangrejo (sí, ¡marisco fresquito!), un buen filete para acompañar (seguramente al punto), varias chuches para endulzar la noche y, como no podía ser de otra forma, un buen paquete de casi medio kilo de lo que se sospecha era marihuana, junto con papel de liar para montarse el festín completo. Vamos, el kit definitivo para una noche inolvidable tras las rejas.
Este incidente, que fue anunciado por el Departamento de Prisiones de Carolina del Sur, no es un caso aislado. Al parecer, el ingenio de los amigos de lo ajeno no tiene límites. Este año ya se han registrado 22 entregas con drones, pillando desde más de diez kilos de maría hasta casi dos kilos de metanfetamina, pasando por 30 móviles y 15 herramientas de corte. Pero hay que reconocer que lo de las patas de cangrejo y el filete es subir el listón de la extravagancia a otro nivel.
Las autoridades, por supuesto, no están de brazos cruzados. Están invirtiendo en tecnología de detección de drones y colaborando con las fuerzas de seguridad locales y federales para intentar frenar estos ‘repartos a domicilio’ tan peculiares. Aunque, entre tú y yo, es difícil no soltar una carcajada al imaginar la cara de los reclusos si hubieran llegado a recibir su pedido de «mar y tierra con extra de risas».
