
El Olimpo también tiene hojas de Excel
Parece que ser el mejor del mundo en una disciplina deportiva no te libra de aguantar al jefe o de tener que rellenar informes un lunes por la mañana. En los Juegos Olímpicos de París 2024, hemos descubierto que detrás de esos cuerpos esculturales y récords imbatibles, se esconden profesionales que, cuando se quitan el chándal, se ponen el traje de oficina o la bata de laboratorio. No todo es gloria y patrocinios millonarios; para muchos, el deporte es un segundo trabajo de tiempo completo.
Ingenieros que nadan y encestan
Uno de los casos más llamativos es el de Nic Fink. Este nadador estadounidense no solo se cuelga medallas al cuello, sino que también ejerce como ingeniero de servicios públicos en una firma de ingeniería. Sí, mientras tú intentas que no se te queme el café, Fink está diseñando infraestructuras antes de tirarse a la piscina para ganar la plata olímpica. No es el único cerebro privilegiado: Canyon Barry, estrella del baloncesto 3×3, es ingeniero de sistemas, demostrando que se puede calcular la trayectoria de un triple y la eficiencia de un software sin despeinarse.
Ciencia, salud y pasos de baile
La velocidad de Gabby Thomas en la pista es solo comparable a su rapidez mental. Con un máster en salud pública, trabaja en una clínica ayudando a personas sin seguro médico mientras se prepara para ser la mujer más rápida del planeta. Por otro lado, la breaker Sunny Choi ocupaba un puesto de alta dirección en Estée Lauder antes de decidir que lo suyo era más el ‘power move’ que las estrategias de marketing cosmético. Y si hablamos de precisión, el gimnasta Stephen Nedoroscik, el héroe del caballo con arcos, aplica su lógica como ingeniero eléctrico para que todo en su vida profesional y deportiva tenga el voltaje adecuado.
Un baño de realidad para los fans
Ver a estos deportistas de élite preocuparse por sus carreras fuera del estadio nos recuerda que el camino a la gloria suele estar financiado por empleos mundanos. Desde profesores de escuela hasta policías o baristas, estos atletas demuestran que la verdadera disciplina no consiste solo en entrenar ocho horas al día, sino en tener la energía suficiente para ser un profesional ejemplar en el mundo real cuando se apagan los focos del estadio.
