De fiesta intima a Project X: Alquila su mansion de 5 millones en Airbnb y aparecen 800 adolescentes

De fiesta intima a Project X: Alquila su mansion de 5 millones en Airbnb y aparecen 800 adolescentes
Un propietario alquiló su exclusiva mansión en Texas por Airbnb para una tranquila reunión de siete personas. Sin embargo, la convocatoria se descontroló en redes sociales y terminó siendo invadida por 800 adolescentes desenfrenados que destrozaron la propiedad en una fiesta clandestina digna de película.
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El sueño de los ingresos pasivos convertido en pesadilla

Todos hemos fantaseado alguna vez con tener una propiedad de lujo y alquilarla para generar unos cómodos ingresos extra a final de mes. Eso mismo pensó Kishore Karlapudi, el dueño de una espectacular mansión valorada en casi 5 millones de dólares situada en Celina, Texas. Su plan estratégico era bastante lógico: alquilar la vivienda en la popular plataforma Airbnb para cubrir gastos de mantenimiento y embolsarse un margen de beneficio. Lo que jamás cruzó por su mente fue que su idílico hogar se terminaría convirtiendo en la zona cero de la madre de todas las fiestas clandestinas.

Impresionante mansión de ladrillo y piedra con amplios jardines

Según el asombroso relato del propio propietario, un usuario reservó la inmensa vivienda con una excusa que sonaba de lo más inocente y respetable. El huésped aseguró que solo necesitaban el espacio para celebrar una pequeña y tranquila reunión privada de apenas siete personas. Un plan inofensivo sobre el papel que las imprevisibles redes sociales se encargaron de dinamitar en cuestión de horas.

De velada íntima a festival del caos

Lo que en un principio iba a ser una velada de charlas, refrescos y música a volumen moderado mutó rápidamente en una escena de descontrol sacada directamente del guion de la mítica película Project X. La convocatoria del evento se hizo masivamente viral en internet y, cuando cayó la noche del 21 de marzo, la hasta entonces apacible localidad texana vio atónita cómo entre 500 y 800 adolescentes se congregaban en la propiedad con inmensas ganas de juerga.

Evidentemente, una concentración humana de tales dimensiones y decibelios no pasa desapercibida en un barrio residencial. El jefe de policía de Celina, el oficial John Cullison, explicó a los medios locales que las centralitas de emergencias del 911 comenzaron a echar humo casi de inmediato. Y el problema es que no se trataba de simples quejas vecinales por el ruido de la música:

«Empezamos a recibir decenas de llamadas al 911 reportando disparos en la zona. También nos avisaron de que había unos 10 hombres apostados en la puerta principal, que iban armados y que estaban amenazando de muerte a la gente. Esto, por supuesto, puso a nuestros agentes en alerta máxima para entrar al recinto y garantizar la seguridad de todos los presentes», declaró Cullison con tono de evidente preocupación.

El dantesco panorama tras la batalla

Cuando las numerosas patrullas policiales llegaron al lugar de los hechos, el panorama era desolador. Las cámaras de los salpicaderos y los dispositivos corporales de los agentes grabaron a cientos de jóvenes huyendo en estampida de la mansión, saltando vallas y corriendo por el césped. Una vez que las autoridades lograron acceder, descubrieron que el interior de la lujosa vivienda parecía literalmente un escenario de guerra.

  • Sábanas ensangrentadas y agresiones: La policía encontró inquietantes restos de sangre en las habitaciones, además de registrar múltiples informes de agresiones físicas y amenazas graves entre los asistentes.
  • Mudanza forzosa del mobiliario: Los jóvenes, en un alarde de cuestionable organización, sacaron absolutamente todos los muebles del enorme salón y los amontonaron sin cuidado en el garaje para dejar espacio libre para montar una gigantesca pista de baile.
  • Destrucción de los elementos decorativos: Arrancaron de cuajo y destrozaron los costosos apliques de las paredes y otros accesorios ornamentales sin ningún tipo de contemplación.
  • Bailando sobre granito: La maciza isla central de la cocina quedó reducida a escombros. El insólito motivo fue que la gruesa encimera de granito terminó cediendo y partiéndose por la mitad después de que decenas de chavales decidieran subirse a ella para usarla como tarima de baile principal.

Apenas unos días después del incidente, Kishore Karlapudi visitó su vapuleada propiedad y se confesó totalmente en estado de shock ante el desorbitado nivel de devastación que encontraron sus ojos. Sin duda, esta rocambolesca historia sirve como una durísima lección sobre los riesgos que esconde la economía colaborativa y sobre cómo, en la impredecible era de internet, una inocente lista de invitados de siete personas puede multiplicar su tamaño por cien y arruinar una casa millonaria en tan solo un par de horas.