En los pasillos de la política de Dakota del Norte, la cosa se puso muy seria. El objetivo era aprobar la Ley 2125 del Senado, un documento que se supone iba a impulsar la extracción de «minerales críticos» en el estado, facilitando permisos y atrayendo inversiones millonarias. Todo muy moderno y estratégico, con vistas al futuro industrial, ¿verdad? Pues no exactamente.
Resulta que a los encargados de redactar la lista de los 63 minerales críticos se les coló un pequeño detalle, uno que haría sonrojar a cualquier estudiante de geología: varios de los elementos listados o bien no existen en la tabla periódica, o son productos industriales comunes mal clasificados, o, directamente, están escritos fatal, como si el redactor hubiera tecleado con los codos.
El protagonista absoluto de este desliz legislativo es, sin duda, el «Blithium». Sí, como suena, Blithium. Un mineral fantasma que solo existe en el imaginario de quien copió y pegó de una fuente de dudosa credibilidad, o, peor aún, que le pidió la lista a una inteligencia artificial con un día libre. Los geólogos profesionales se han llevado las manos a la cabeza porque, aunque la intención de atraer inversiones mineras sea real, la existencia de Blithium, ni está ni se la espera.
Para añadir más diversión al catálogo burocrático, la lista oficial también incluye otras perlas de ortografía minera. Por ejemplo, encontramos el «Pottassium» (con doble ‘T’), que es simplemente una manera espantosa de escribir Potasio, un elemento tan raro como la sal en la despensa de cualquier casa. También colaron «Praseodym» (que debería ser Praseodimio), y clasificaron la Bauxita como un mineral cuando, técnicamente, es una roca, aunque la usemos para hacer aluminio.
Lo más jugoso de todo esto es que la ley ya ha sido firmada y es oficial. Ahora, Dakota del Norte tiene en sus estatutos una norma que legaliza la extracción de elementos que ni siquiera la madre naturaleza ha inventado. Es la versión burocrática de pedir un unicornio en la lista de la compra. Si la intención era agilizar la burocracia y dar seriedad al sector, han conseguido justo lo contrario: convertirse en el hazmerreír geológico de la nación. Esto demuestra que, incluso en el gobierno, la revisión ortográfica básica sigue siendo el mineral más crítico de todos y, al parecer, el más escaso.




