Se encerró en una cueva para estar solo y le salió un monasterio

Neófito se metió en una cueva de un acantilado de Chipre en 1159 para que no lo molestara nadie. Casi cuarenta años después seguía huyendo, cuesta arriba…

0
0

Neófito se metió en una cueva de un acantilado de Chipre en 1159 para que no lo molestara nadie. Casi cuarenta años después seguía huyendo, cuesta arriba…

Hay fracasos y hay fracasos. El de Neófito el Recluso es de los segundos: se encerró en una cueva de Chipre para que no lo molestara nadie, y solo consiguió llenarla de gente para siempre.

Neófito el Recluso, monje chipriota nacido en 1134, se instaló en 1159 en una cueva de los montes sobre Pafos y la agrandó a mano para vivir aislado. Once años después el obispo le obligó a aceptar un discípulo y alrededor de aquel agujero creció el monasterio de Agios Neophytos, hoy activo y visitable.

¿Por qué se encerró en un agujero de la roca?

Venía de una familia campesina de Kato Drys, junto a Lefkara. Con dieciocho años se largó de casa para no casarse con quien le habían buscado y tomó los hábitos en el monasterio de San Juan Crisóstomo, en Koutsovendis.

Tampoco aguantó la vida en comunidad. Quiso hacer de ermitaño fuera de la isla, pero en el puerto de Pafos los guardias lo tomaron por fugitivo y lo encerraron. Se lo tomó como una señal: si no lo dejaban irse de Chipre, se escondería en Chipre.

En junio de 1159 dio con una cueva que ya había usado otro ermitaño y se pasó unos quince meses agrandándola a pulso. La llamó Enkleistra, «lugar de reclusión». Talló en la roca la celda, el santuario y —detalle que lo retrata— su propia tumba.

Fotografía de 1888 de la celda y capilla del ermitaño Neófito, con muros de piedra y una escalera exterior bajo el acantilado
La celda y la capilla en 1888. Foto: D. G. Hogarth (CC BY-SA 2.5).

¿Qué pasó cuando llegaron los discípulos?

Que un señor viva solo en un agujero es, paradójicamente, una noticia estupenda. Empezaron a subir curiosos. En 1170 el obispo de Pafos, Basilio Kinnamos, lo ordenó sacerdote con una condición que debió de sonarle a penitencia: aceptar un discípulo.

El discípulo trajo a otro, se excavaron más cámaras —una iglesia, un refectorio— y la guarida de un misántropo se convirtió en un monasterio en toda regla. En 1183 el pintor Theodoros Apseudes decoró la celda y el santuario con frescos bizantinos y firmó nombre y fecha en la pared.

En uno de aquellos frescos, Neófito se hizo retratar en vida entre los arcángeles Miguel y Gabriel, que lo sujetan por los hombros.

Para alguien que huía del mundo, salir pintado en la bóveda codeándose con arcángeles tiene su guasa. No es el único religioso medieval con proyectos llamativos: una monja del siglo XII se inventó un idioma entero.

Bóveda de la cueva cubierta de frescos bizantinos con filas de santos con aureola y escenas religiosas en rojo, azul y ocre
Frescos bizantinos en la bóveda de la Enkleistra. Foto: Zairon (CC BY-SA 4.0).

¿Cómo intentó escapar de sus propios monjes?

Subiendo. Hacia 1197, casi cuatro décadas después de instalarse, excavó una segunda cueva justo encima de la primera: la Nueva Sión. Volvió a encerrarse, huyendo ya no del mundo, sino de su propia comunidad.

Tampoco le salió redondo. Se sabe que seguía vivo en 1214 y la tradición ortodoxa fija su muerte en 1219; lo enterraron en la tumba que se había cavado más de medio siglo antes. La reclusión voluntaria tenía tradición: en León hubo mujeres que se emparedaban vivas.

¿Qué queda hoy de la Enkleistra?

Prácticamente todo. La cueva sigue abierta en el acantilado sobre Tala, cerca de Pafos, con sus frescos y su hueco funerario. Enfrente, sus discípulos levantaron siglos después el monasterio que hoy tiene iglesia, patio y museo, y por cuya escalera suben los visitantes que Neófito se pasó la vida esquivando.

Quince meses picando roca para que lo dejaran en paz, y el plan produjo justo lo contrario: un monumento a lo mal que salen los planes, tallado en piedra.

Vía Neatorama, Europeana, Cátedra UNESCO de Patrimonio Cultural Digital y Visit Cyprus.

Foto de portada: © Nikodem Nijaki (CC BY-SA 3.0).