
Ay, las disputas vecinales… ¿Quién no ha tenido alguna vez un rifirrafe por el ruido, las ramas del árbol o la plaza de aparcamiento? Pero lo que ha ocurrido en Hamilton, Ontario, eleva la ‘guerra de vecindario’ a una categoría completamente nueva y, admitámoslo, bastante cómica. Agárrense fuerte, porque aquí la cosa se pone fría, literalmente.
Resulta que un caballero de 59 años, Gary James Smith, ha sido formalmente acusado de un delito de agresión con arma. Pero no estamos hablando de una navaja, un bate de béisbol o el típico puñetazo. No, no, amigos. La ‘arma’ del crimen en esta historia es algo que muchos desearían tener en pleno invierno: ¡una quitanieves!
Sí, han leído bien. Según la policía de Hamilton, el señor Smith, en lo que parece ser la cúspide de una disputa vecinal ya existente, decidió que la mejor manera de ‘dialogar’ con su vecino era… usando su máquina quitanieves. No para despejar la entrada, sino para dirigir intencionadamente un chorro de nieve y, ojo, ¡hielo! directamente hacia su pobre vecino. Imaginen la escena: uno intentando quitar la nieve y el otro recibiendo una ráfaga helada como si de un ataque de Morfeo en Matrix se tratase, pero con pedazos de hielo volando.
La verdad es que hay que tener una mente muy… creativa para pensar que una quitanieves podría servir como herramienta de agresión. La policía, por su parte, no le ha encontrado la gracia al asunto, y Smith se enfrenta a cargos serios por agresión con arma, lo que demuestra que, por muy surrealista que sea el método, la intención de dañar no tiene nada de chiste. La cita en los tribunales para este particular ‘artista de la nieve’ está prevista para el 19 de noviembre.
Este incidente nos deja pensando: ¿qué será lo próximo? ¿Un asalto con la manguera de regar el jardín? ¿Un ataque con el cortacésped? La imaginación humana, especialmente cuando se mezcla con el enfado vecinal y las herramientas del hogar, no tiene límites. Pero que quede claro: una quitanieves es para quitar nieve, no para lanzarla a tus vecinos, por muy mal que te caigan. ¡Que la ‘guerra fría’ se quede en la nevera, por favor!
