
¡Atención, viajeros y amantes de las historias rocambolescas! ¿Quién no ha experimentado la frustración de un autobús que se retrasa? Esa sensación de impotencia, de ver cómo los minutos se estiran hasta el infinito mientras el transporte brilla por su ausencia. Pues bien, en Irlanda, un hombre llevó esta frustración a un nivel estratosférico, digno de ser contado en los anales de las soluciones más… creativas.
Nuestro protagonista se llama John O’Brien, y en octubre de 2013, este caballero de 32 años se encontraba en Cork, esperando un bus que lo llevara a la vibrante Dublín. Pero el bus, amigos, no aparecía. Los minutos se convirtieron en una eternidad, y la paciencia de John, al parecer, se evaporó al ritmo de unas cuantas pintas de más. Sí, su abogado defensor confirmaría más tarde que el hombre iba «muy borracho» y «frustrado» por el retraso.
Y ahí es donde la historia da un giro inesperado. En lugar de coger un taxi, buscar un tren o simplemente irse a casa, John O’Brien decidió que si el transporte público no venía a él, él iría al transporte público… y se lo llevaría. Literalmente. Se coló en un garaje de autobuses en Cork, escogió su vehículo preferido (uno de la compañía Bus Éireann, ni más ni menos) y se puso al volante. ¡Directo a Dublín!
Imaginad la escena: un hombre al que se le ha denegado su viaje en bus, ahora conduciendo su propio bus robado a través de Irlanda. La travesía duró «varias horas», y John, con una calma asombrosa, consiguió llegar a la capital irlandesa. ¿Dónde dejó el botín? Cerca de la estación de Heuston, como si hubiera sido un viaje de lo más normal. Un aparcamiento digno de un héroe del día a día, o de un tipo con un par de copas de más y mucha, mucha determinación.
Por supuesto, la hazaña no pasó desapercibida para siempre. Las cámaras de seguridad del garaje de Cork, que lo pillaron in fraganti, no tardaron en identificar a nuestro peculiar conductor. Cuando la Garda (la policía irlandesa) le preguntó por qué lo había hecho, O’Brien respondió con una tranquilidad que desarmaba: «Mi bus llegó tarde, así que me llevé otro». Una lógica aplastante, ¿verdad?
La aventura, eso sí, tuvo sus consecuencias. John O’Brien, que ya tenía antecedentes, se declaró culpable de tomar un vehículo sin autorización y de conducir sin seguro. La sentencia fue de tres meses de prisión y una inhabilitación para conducir de 10 años. Un precio algo elevado por la puntualidad.
Así que, la próxima vez que tu bus se retrase, piensa en John O’Brien. Quizás no debas seguir su ejemplo al pie de la letra, pero al menos te sacará una sonrisa al recordar que hay gente que se toma los retrasos del transporte público… muy en serio.
