Cuando la IA confunde una baguette con un fusil: El susto de un estudiante por culpa de la bollería

Cuando la IA confunde una baguette con un fusil: El susto de un estudiante por culpa de la bollería
Un estudiante universitario fue abordado por cinco agentes armados en el campus de Royal Holloway. El motivo: un sistema de seguridad con IA confundió su bolsa de pan y pasteles con un fusil de asalto. Por suerte, la falsa alarma se resolvió rápidamente, pero el incidente reabre el debate sobre los fallos de la inteligencia artificial.
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Imagina la escena: vuelves tranquilamente a tu residencia universitaria con tu compra, una bolsa humilde repleta de pan y unos cuantos bollos recién horneados. La vida es sencilla, el hambre aprieta y tu única preocupación es hincarle el diente a esa baguette. De repente, ¡zas! Te ves rodeado por cinco agentes de policía armados hasta los dientes, que te miran con la misma seriedad con la que un padre mira a su hijo pillado con las manos en la masa de galletas.

Esto no es el inicio de una película de risa, sino la surrealista experiencia de Harvey Platt, un estudiante de 20 años de la Royal Holloway, Universidad de Londres, en Egham, Surrey. ¿El culpable de tal despliegue de fuerza? Un sistema de seguridad por inteligencia artificial Avigilon, fabricado por Motorola Solutions, diseñado para identificar amenazas como armas de fuego. Y, al parecer, con un particular sentido del humor (o una grave miopía digital).

Según relata la historia, Harvey se dirigía a sus aposentos estudiantiles con su tesoro culinario cuando, sin previo aviso, el avanzado algoritmo de seguridad dictaminó que su inocente bolsa de panadería era, en realidad, un fusil de asalto en toda regla. Ni corto ni perezoso, el sistema alertó a las autoridades, que respondieron con una celeridad digna de un thriller. Cinco agentes, tres vehículos… todo por una baguette y unos pasteles.

El pobre Harvey, como es natural, se quedó más bien a cuadros. «Pensé que era una broma de mis compañeros», confesó después. Pero no, la cosa iba en serio. Por fortuna, la confusión no duró mucho. Después de unos tensos diez o quince minutos, los agentes se dieron cuenta de que el temible armamento era, en efecto, una bolsa llena de carbohidratos. Se disculparon, hicieron mutis por el foro y dejaron a Harvey con una anécdota digna de contar en cada fiesta y, quizás, un ligero trauma hacia las panaderías con sistemas de seguridad.

La universidad, por su parte, se ha limitado a recordar que las cámaras de seguridad son estándar y que el sistema busca «disuadir y detectar actividades delictivas», aunque ha evitado entrar en detalles sobre este episodio tan… sabroso. Harvey, por su lado, espera que la universidad se replantee el uso de estos sistemas de IA, citando preocupaciones por la privacidad y la posibilidad de que otros vivan sustos parecidos. Como colofón humorístico a la historia, su familia, ni corta ni perezosa, le regaló un detector de metales para futuras compras. Parece que la IA tiene aún mucho que aprender, especialmente sobre la diferencia entre un cruasán y un AK-47. ¡Menos mal que Harvey no llevaba una flauta!