Imagina la escena: una gobernadora, Kathy Hochul, en plena efervescencia política de Nueva York, se encuentra ante una multitud. Hay cánticos, hay pancartas, el ambiente es vibrante. Uno podría pensar que en estos eventos, la comunicación es cristalina, pero a veces, el oído nos juega malas pasadas, ¡y vaya si le jugó una a Hochul!
Nuestra protagonista, la gobernadora, estaba convencida de que los manifestantes le estaban expresando su más sincero agradecimiento. Sí, has leído bien. Mientras la gente coreaba «¡Impuestos a los ricos!», ella, con una sonrisa interior de satisfacción, escuchaba «¡Gracias por los ricos!». Hay que reconocer que la fonética a veces es traicionera, pero esta confusión se lleva la palma.
Lo mejor de todo es la explicación que dio Hochul en el programa NY1. Con toda la naturalidad del mundo, relató: «Y yo pensaba, ‘Sí, he conseguido mucho para los ricos'». ¡Un momento! ¿Se estaba felicitando a sí misma por ser la ‘campeona’ de los más pudientes, mientras la gente pedía justo lo contrario? La imagen mental de Hochul asintiendo con complacencia mientras a su alrededor se exigían medidas fiscales contra la desigualdad es sencillamente oro puro para cualquier guionista de comedia.
Este pequeño desliz auditivo no solo ha provocado risas a raudales, sino que también ha puesto de manifiesto cómo a veces la percepción puede distorsionarse hasta límites insospechados. Uno no puede evitar preguntarse si la gobernadora tiene un superpoder para transformar el descontento en ovaciones, o si simplemente el eco de la multitud era un poco caprichoso aquel día. Quizás necesitemos una nueva especialidad: ¡intérpretes de cánticos de protesta para políticos!
Sea como fuere, la anécdota de Hochul y su particular interpretación de los cánticos de protesta se ha convertido en una joya de la comunicación política moderna, recordándonos que incluso en los altos cargos, un buen par de auriculares no vendrían mal. Desde luego, este tipo de momentos son los que demuestran que la realidad, a menudo, supera a la ficción más disparatada. Y sí, si has ‘entregado mucho para los ricos’, igual es bueno saber cuándo te lo están agradeciendo… o cuándo te están pidiendo justo lo contrario. ¡A ver si la próxima vez lleva un pinganillo para asegurarse!




