Cuando el Príncipe Harry confiesa su ‘duress’ por un palazo a un paparazzi

Cuando el Príncipe Harry confiesa su 'duress' por un palazo a un paparazzi
El Príncipe Harry se disculpó, nueve años después, por golpear a un fotógrafo con una pala en 2004. Durante la investigación Leveson, el príncipe, entonces veinteañero, justificó su acción afirmando que estaba "bajo coacción" debido al acoso de la prensa, en un incidente que dejó al paparazzi con el labio cortado a las puertas de una discoteca.
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A ver, que levante la mano quien no haya tenido un mal día y haya deseado tener una pala a mano para… eh, ¿defenderse? Pues resulta que hasta los miembros de la realeza tienen esos arrebatos. Y si no, que le pregunten al Príncipe Harry. Prepárense para una de esas historias que te hacen exclamar «¡Pero bueno, qué me estás contando!».

Retrocedemos al año 2004. Nuestro querido Harry, por aquel entonces un joven de 20 añitos con las hormonas más revolucionadas que un rally, se encontraba de juerga en la famosa discoteca Chinawhite de Londres. Típico escenario nocturno, ¿verdad? El problema llegó a la salida, como suele pasar. Entre el trasiego y la salida, la noche se topó con un depredador muy particular: un paparazzi, Chris Uncle, en busca de la foto perfecta.

Y claro, cuando la realeza y la prensa sensacionalista chocan en la oscuridad de la noche, pueden saltar chispas… o, en este caso, ¡un palazo! Sí, sí, han leído bien. En medio de un forcejeo que más bien parecía una escena de comedia slapstick, Harry, en un momento de «iluminación» (o desesperación, según se mire), decidió que la mejor herramienta para gestionar la situación era una pala. El resultado: el pobre Chris Uncle acabó con un labio cortado y una anécdota que contar en todas las barbacoas.

Lo más surrealista de todo no es la pala en sí, sino cuándo y cómo llegó la «disculpa». Nueve años después del incidente, en 2013, el Príncipe Harry estaba testificando en la sonada investigación Leveson, un asunto serio sobre la ética y la intrusión de los medios de comunicación. Y fue allí, en un ambiente tan formal y sobrio, donde nuestro príncipe decidió sacar a colación el incidente de la pala. Su justificación: «Estaba bajo coacción» (I was under duress). ¡Ojo, una excusa digna de película! No estaba pidiendo perdón por su temperamento, sino explicando que el acoso constante de la prensa le había llevado a ese punto.

Imagínense la escena: un príncipe, una pala, un paparazzi con el labio partido y una disculpa formal ¡casi una década después! La historia de Harry, la pala y el «duress» es un recordatorio hilarante de que incluso los royals tienen sus momentos más «terrenales», y que a veces, la realeza también recurre a métodos poco convencionales cuando se sienten acorralados por los flashes. Desde luego, una anécdota que no figura en el manual de protocolo de Buckingham, pero que nos hace ver que, al final, hasta un príncipe puede acabar cogiendo una pala en un mal día.