
A ver, que levante la mano quien no haya oído hablar de pirómanos un poco torpes. Pero lo de Richard Glenn, un señor de 49 años de Waco, Texas, va más allá de la torpeza; esto es puro karma instantáneo servido con gasolina y una cerilla. Una de esas historias que te hacen pensar: «la vida tiene un sentido del humor muy particular».
Imaginen la escena: son la una y media de la madrugada de un domingo, y en el tranquilo 2800 de Cole Avenue se desata la locura. Richard, que por lo visto no era muy fan de sus vecinos, decide que la mejor manera de arreglar sus diferencias es… bueno, prendiéndoles fuego. Y, para hacerlo más pintoresco, mientras les gritaba lindezas de corte racial. Todo muy civilizado, como ven.
Nuestro protagonista, con la furia en la mirada y, supongo, un bidón de gasolina en la mano, se puso manos a la obra. Empezó a rociar el porche de la casa con el combustible inflamable, imagino que con la seguridad de quien sabe lo que hace. Pero la vida, ya saben, tiene un sentido del humor bastante retorcido, y la gasolina, por lo visto, también.
En el momento cumbre, al intentar encender la gasolina con una cerilla (o lo que fuera), algo salió… mal. Muy mal. En lugar de que el fuego avanzara solo hacia la casa de sus vecinos, la gasolina decidió que el pirómano era una opción mucho más apetecible. Y así, en un abrir y cerrar de ojos, Richard Glenn se convirtió en su propia hoguera andante. Un espectáculo digno de una comedia negra.
Dentro de la casa, una mujer de 61 años y su hijo de 38, que habían soportado los insultos, debieron quedarse con la boca abierta al ver cómo el «espectáculo» se volvía en contra de su creador. Afortunadamente, ellos salieron ilesos, y los bomberos llegaron a tiempo para apagar el pequeño incendio del porche, evitando daños mayores a la vivienda. Menos mal, porque la cosa prometía ser bastante más grave.
Richard, por su parte, no tuvo tanta suerte. Tras sufrir quemaduras graves (me pregunto si el ‘orgullo’ también le ardería), fue trasladado a un hospital local y luego a una unidad de quemados en Dallas. Ahora, además de las quemaduras y el ridículo, le esperan un par de cargos de agresión agravada con arma mortal (el fuego, claro) y de incendio provocado. Cada uno con una fianza de 100.000 dólares. Un precio bastante alto por un numerito de pirómano que acabó siendo una demostración de karma exprés, y una advertencia para todos aquellos con ideas incendiarias.
Así que ya saben, amigos: si alguna vez se les ocurre la brillante idea de prender fuego a algo, asegúrense de que el combustible no tenga planes alternativos. Y si de paso se ahorran los insultos raciales, mejor que mejor. No sea que el universo decida daros una lección… muy, muy caliente.
