
Agárrense los pantalones, porque la historia que os traemos hoy es de esas que te hacen levantar una ceja… y quizás cruzar las piernas. En el Lejano Oriente, concretamente en China, un empleado llamado Mr. Wang se ha convertido, sin quererlo, en la involuntaria estrella de una saga judicial que bien podría titularse ‘Las Crónicas del Retrete’. Y es que, queridos lectores, la culpa la tuvo el váter, o más bien, el tiempo que Mr. Wang le dedicaba.
La cosa empezó a torcerse para Mr. Wang en 2014. Tras una desafortunada operación por una afección anal, nuestro protagonista empezó a sufrir lo suyo. Tanto, que alegaba que el dolor le obligaba a hacer visitas al servicio de una frecuencia y duración… extraordinarias. Estamos hablando, según sus propias palabras, de entre tres y seis horas al día, durante un período de año y medio. ¡Casi una jornada laboral completa, pero en el trono!
La empresa, que se ve que no estaba para pausas ‘meditativas’ tan extendidas, empezó a mosquearse. ¿Seis horas al día de retiro espiritual en el inodoro? Eso no son pausas, ¡eso es casi teletrabajo desde el váter! Así que, decidieron tomar cartas en el asunto y le ajustaron el horario, pero la cosa no mejoró. Ni cortos ni perezosos, los jefes montaron un pequeño ‘Gran Hermano’ en los lavabos, monitorizando las idas y venidas de Mr. Wang durante ocho días de julio de 2015. ¿El resultado? Una media de tres horas diarias de ‘tiempo para pensar’ en el baño, sumando la friolera de 22,5 horas en poco más de una semana.
Con estos datos en la mano, el 4 de septiembre de 2015, la empresa le comunicó a Mr. Wang su despido fulminante, alegando absentismo y violación de las normas internas. Pero Mr. Wang no se quedó de brazos cruzados. Se armó de valor y llevó el caso a los tribunales, pidiendo que se anulara su despido. Primero, un arbitraje le dio la razón, pero la compañía no se rindió.
Luego, un tribunal se puso del lado de la empresa, sentenciando que el despido era lícito. La razón: las pausas de Mr. Wang «excedían una necesidad razonable y fisiológica». ¡Ahí es nada! Parece que los jueces tienen una escala interna para medir cuánto tiempo es ‘normal’ estar en el baño. Y por si fuera poco, un tribunal de apelación, para rematar la faena, confirmó la sentencia inicial, reiterando que las pausas eran «demasiado frecuentes y demasiado largas».
Así que ya lo sabéis, amigos: la próxima vez que necesitéis un momento de ‘reflexión profunda’ en el lavabo de la oficina, pensadlo dos veces. No sea que vuestra empresa también tenga una ‘unidad de medida fisiológica’ y acabéis protagonizando la próxima noticia viral sobre despidos excéntricos.
