
Prepárense, porque la historia que os traemos hoy es de las que te hacen soltar la carcajada a la vez que te preguntas: ‘¿Pero qué narices…?’. Resulta que allá por el año 2013, nuestros amigos australianos, a través de su Autoridad Australiana de Comunicaciones y Medios (ACMA), decidieron que GitHub, sí, GitHub —ese lugar sagrado donde los desarrolladores de todo el mundo comparten su código y colaboran en proyectos—, era tan, tan peligroso para los niños como los sitios web de contenido para adultos o el material más violento y explícito que uno pueda imaginar. ¡Como lo oyes! GitHub, el paraíso del código, en la misma categoría que un portal X-rated.
Pero, ¿cómo demonios se llegó a esta surrealista conclusión? ¿Acaso GitHub había lanzado una nueva funcionalidad de citas para programadores con finales inesperados? Nada de eso. El ‘culpable’ de esta clasificación tan… peculiar, fue una humilde herramienta de código abierto llamada ‘Ebook Converter’. ¿Y qué hacía esta joya de software? Pues ni más ni menos que eliminar la gestión de derechos digitales (DRM) de los libros electrónicos. Es decir, permitía a los usuarios saltarse las restricciones anticopia que muchos editores imponen a sus e-books. En muchos países, esto es un gris legal, pero en Australia, la ACMA lo consideró lo suficientemente grave como para que todo el repositorio de GitHub fuera marcado como ‘R18+’. ¡Una decisión de peso, sí señor!
Imagina la escena: un chaval australiano, ávido de aprender a programar o simplemente buscando una librería para su proyecto escolar, intentando acceder a GitHub y topándose con una advertencia digna de una película para mayores de 18 años. ‘Atención, este sitio contiene material que puede ser ofensivo o dañino para menores’. ¡Pero si solo quiero ver el código de un algoritmo de ordenación, por el amor de Dios! La ironía no se nos escapa: una plataforma dedicada a la innovación y la colaboración técnica, censurada como si fuera un antro de perdición digital. Es el equivalente tecnológico a prohibir una biblioteca entera porque uno de sus libros enseña a hacer nudos marineros un poco complejos.
La ACMA se escudó en que utilizaba un sistema de filtrado automatizado que, al detectar la herramienta ‘Ebook Converter’ y su potencial para ‘eludir medidas de protección de derechos de autor’, clasificó el sitio entero bajo la máxima restricción. Parece que la sutileza no era precisamente el fuerte de su algoritmo. Es como si un robot de seguridad de un museo cerrara todas las salas porque encontró una reproducción de una estatua griega con cierto ‘desnudo artístico’. ¡Una exageración de manual! Sin duda, un cachondeo que dejó a la comunidad tecnológica boquiabierta y nos recordó que, a veces, la tecnología y la burocracia no siempre hablan el mismo idioma. ¡Menudo lío!
