
El mundo va a una velocidad de vértigo y, casi sin darnos cuenta, un montón de cosas cotidianas se han ido esfumando de nuestro día a día. ¿Recuerdas cuándo fue la última vez que le diste un manotazo a un reloj despertador o encontraste un regalito en el fondo de una caja de cereales? La nostalgia nos ataca por sorpresa cuando nos paramos a pensar en lo rápido que ha cambiado la sociedad. Te traemos una recopilación de aquellas costumbres y objetos que están desapareciendo en silencio.
Lo que nos robó la tecnología (y el tiempo)
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Los coches con cambio manual
¡Mete tercera! Cada vez son más raros de ver, y el coche automático domina el asfalto. Conducir con tres pedales y pelearse con una palanca de cambios se está convirtiendo en un arte totalmente perdido. Como bien apuntaba un internauta en Reddit:
«Podríamos paralizar a toda una generación entera de nuevos conductores simplemente obligándoles a volver a los coches de marchas manuales».

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El mítico mechero del coche
Ese pequeño cilindro ardiente que te marcaba el dedo si no tenías cuidado al sacarlo y que servía para iluminar el habitáculo. Ahora, ese curioso espacio ha sido colonizado irremediablemente por los puertos USB para cargar el móvil.

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Las cabinas telefónicas
¿Dónde se supone que se cambia ahora Superman? Las cabinas telefónicas son ya unas simples reliquias urbanas, adornos vintage en la calle o rincones oxidados donde la gente aprovecha para pegar carteles de clases particulares.

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Los teléfonos con diseños atrevidos
Antes teníamos teléfonos con forma de concha, teclados que se deslizaban hacia un lado, formas de lágrima y todos los colores posibles. Hoy en día, absolutamente todos llevamos en el bolsillo exactamente el mismo rectángulo aburrido de cristal y metal. ¿Dónde quedó nuestra autoexpresión?

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Los despertadores de mesita de noche
Aquel molesto cacharro que emitía un «BEEP BEEP BEEP» infernal a las siete de la mañana. Nadie hizo un comunicado oficial anunciando su desaparición, simplemente los smartphones absorbieron su función de alarma en silencio y, un buen día, dejamos de comprarles pilas.

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Ser los dueños de nuestra propia música
Tener un estante lleno de CDs o casetes y repasar los libretos de las letras de cabo a rabo era un ritual sagrado. Ahora, la cruda realidad es que no somos dueños de nuestras canciones, solo las alquilamos a través de los servicios de streaming. Si el día de mañana la plataforma cierra o borran a tu artista favorito, te quedas sin tu banda sonora.

Costumbres gloriosas que ya no volverán
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El civismo en las salas de cine
Ir al cine se ha convertido, lamentablemente, en una auténtica ruleta rusa. Los espectadores que usan el teléfono móvil con el brillo al máximo o los que comentan la película a gritos están aniquilando por completo la maravillosa experiencia colectiva de ver una buena cinta.
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Los ansiados regalos en las cajas de cereales
Ningún niño madrugaba un sábado por la mañana con tanta ilusión como aquel que rebuscaba su espada láser que brillaba en la oscuridad o su pequeño coche de juguete en el fondo grasiento de una caja de azúcar con cacao. ¡Qué tiempos más felices!

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La emoción de revelar fotos en la tienda de tu barrio
Esa tensión brutal (y a veces muy decepcionante) de esperar varios días para comprobar cómo demonios habían quedado las fotografías de tus vacaciones familiares. El revelado de carretes analógicos en tiendas físicas se ha convertido hoy por hoy en una rareza exclusiva para los amantes de lo retro.
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Escribir con mayúsculas al empezar una frase
La mensajería instantánea veloz y las redes sociales nos han hecho vagos con la gramática básica. ¿quién tiene tiempo para pulsar la tecla de mayúsculas hoy en día? Parece que cada vez menos gente.
¿Y tú? ¿Qué otro objeto o costumbre entrañable echas de menos en tu rutina y notas que ha desaparecido para siempre? La evolución es rápida e implacable, pero al menos siempre nos quedará aferrarnos a un poquito de nostalgia.
