
¿Te has parado a pensar alguna vez en todas esas cosas que usábamos a diario y que, de repente, se esfumaron como por arte de magia? Un buen día miramos a nuestro alrededor y nos dimos cuenta de que el mundo había cambiado por completo. En internet se ha abierto el cajón de la nostalgia, y miles de usuarios han empezado a enumerar aquellas cosas cotidianas que han desaparecido sin avisar. Prepárate, porque esta lista te va a dar justo en los recuerdos.
Los grandes desaparecidos de nuestra rutina
A continuación, hacemos un repaso de las pérdidas más sentidas, divertidas y extrañas que nos ha dejado nuestra acelerada modernidad:
-
El clásico teléfono fijo: Hubo un tiempo en el que llamar a una casa implicaba el riesgo tremendo de que contestara el padre de tu colega. Hoy en día, el teléfono fijo es poco más que un objeto de museo o un acumulador de polvo en el mueble del salón.
«De repente, levantamos la vista y los fijos ya no estaban»
asegura un usuario.
-
Llamar al timbre de la puerta: Tocar el timbre se ha convertido hoy en día casi en un acto de agresión o en el aviso inequívoco de que te traen un paquete. La etiqueta moderna dicta que debes enviar un mensaje de WhatsApp desde el coche diciendo: «Ya estoy aquí, ve bajando».
- Las revistas de las salas de espera: Antes ibas al dentista y te leías un número de la revista ¡Hola! de hace tres meses para matar los nervios. Ahora solo hay sillas vacías y gente con el cuello torcido mirando fijamente la pantalla de su smartphone.
-
El formato físico para ver películas (benditos DVDs): Antes presumíamos ante nuestras visitas de tener una inmensa estantería llena de DVDs. Hoy en día, para intentar ver una película vieja, tienes que suscribirte a cuatro plataformas de streaming diferentes, rezar para que esté en el catálogo, pagar un extra y, encima, tragarte los anuncios. ¡Hemos vuelto a la televisión por cable!
- Los mapas físicos y los panfletos: ¿Recuerdas lo que era intentar doblar un mapa de carreteras del tamaño de una sábana en el asiento del copiloto? Incluso los mapas de papel de los parques de atracciones han muerto. Todo ha sido reemplazado por aplicaciones móviles que devoran la batería de tu teléfono a la velocidad de la luz.
-
Los buzones de correos en cada esquina: Parecían inmortales, estatuas urbanas de color chillón que siempre iban a estar ahí. Pero, poco a poco, se han ido extinguiendo de nuestros barrios, llevándose consigo la romántica y lenta costumbre de mandar cartas o postales a mano.
-
La etiqueta en los aviones (y la paciencia): Volar se ha convertido en la auténtica ley de la selva. El sentido del espacio personal se ha volatilizado, los compañeros de asiento invaden tu espacio vital y no podemos olvidar a esas personas ansiosas que se levantan en el pasillo en el milisegundo exacto en el que el avión toca tierra. ¡Siéntense, por favor!
- La independencia de los coches: Hubo una época gloriosa en la que un automóvil era solo un montón de chapa y un motor. Metías la llave, girabas y conducías. Hoy en día parece que pilotas un ordenador gigante sobre ruedas que te avisa de todo con pitidos estresantes y requiere de actualizaciones de software constantes.
- Pensar por nosotros mismos: Aunque suene a queja típica de abuelo cebolleta, muchos usuarios en la red lamentan que el uso excesivo de la tecnología y, más recientemente, de las inteligencias artificiales nos está volviendo un pelín más perezosos a la hora de usar el sentido común o buscar respuestas por nosotros mismos.
¿Un mundo más cómodo o más aburrido?
Es innegable que la tecnología nos ha facilitado la vida de maneras que nuestros padres ni siquiera podían soñar, pero con cada gran avance hemos dejado atrás pequeñas costumbres que le daban cierto encanto y salseo al día a día.
Y tú, ¿qué objeto cotidiano, costumbre o aparatillo echas terriblemente de menos en tu vida y desapareció en un abrir y cerrar de ojos? ¡Seguro que hay algo que la modernidad te ha arrebatado de las manos!
