¡Corea del Norte en Plena Trifulca Policial por las Mordidas!

¡Corea del Norte en Plena Trifulca Policial por las Mordidas!
La policía de Corea del Norte se ha liado a tortas y detenciones por el control de las extorsiones a los ciudadanos. La estancación económica ha disparado la corrupción, llevando a agentes de seguridad interna y general a enfrentarse brutalmente por su parte del pastel de los sobornos. Un espectáculo de caos y codicia que revela las grietas del régimen.
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Imaginemos un país donde la ley se impone con puño de hierro y la disciplina es la palabra de moda. Ahora, visualicemos a los mismísimos guardianes de esa ley, esos que deberían dar ejemplo, pegándose de mamporros en la calle por ver quién se lleva más “propinas” de los pobres ciudadanos. No, no es una escena de una peli de Paco Martínez Soria, ¡es la cruda y esperpéntica realidad de Corea del Norte!

Resulta que en la tierra de Kim Jong-un, la cosa está tan mal que hasta los policías se han declarado una guerra interna por el control del lucrativo negocio de la extorsión. Sí, sí, has leído bien. La estancación económica, el aumento de los precios del combustible y la reducción del comercio con China han provocado que la tarta de la corrupción sea cada vez más pequeña, y claro, ¡aquí no hay bastante para todos!

Según los desertores y fuentes cercanas, los enfrentamientos han sido tan serios que se han reportado detenciones masivas y hasta posibles ejecuciones. En Hamhung, la segunda ciudad más grande del país, se armó la marimorena entre los agentes del Ministerio de Seguridad Popular (la policía de toda la vida) y los del temido Ministerio de Seguridad del Estado (la policía secreta, los que realmente dan y quitan). ¡Un auténtico despiporre!

Históricamente, la policía secreta era la élite, menos dada a las pequeñas corruptelas que sus colegas “generales”. Pero la necesidad aprieta, y con el régimen cada vez más desesperado por mantener el control y las arcas llenas (o más bien vacías), hasta los más intocables se han metido en el barro de las mordidas. El panorama es tan dantesco que hasta se especula con que esta lucha interna sea un efecto colateral de las purgas que se venían gestando dentro del régimen.

Así que, mientras el mundo mira con ojos de asombro, en Corea del Norte los que deberían velar por el orden están más ocupados en una batalla campal por ver quién exprime más al personal. Una situación que, si no fuera tan dramática para los ciudadanos, sería de auténtico descojone. Y es que, cuando los de arriba pierden el control, hasta los esbirros se pelean por las migajas.