
Hay días en los que uno se levanta un poco desorientado. Te cuesta encontrar las llaves, no recuerdas dónde aparcaste el coche… y luego está el caso de Patricia Ann Dettman, que llevó la desorientación a un nivel legendario.
Imagínate la escena: eres el empleado de una gasolinera Thorntons en Brownsburg, Indiana. Es un sábado por la mañana tranquilo, cuando de repente un coche entra de forma errática y aparca. Del vehículo sale una mujer, Patricia, de 50 años, que se acerca al mostrador con un objetivo claro y una pregunta existencial: ‘Perdone, ¿podría indicarme cómo llegar a una gasolinera?’.
El empleado, probablemente conteniendo una mezcla de asombro y preocupación, se dio cuenta de que algo no iba bien. La mujer arrastraba las palabras y un inconfundible aroma a alcohol la delataba. Con buen criterio, decidió que la mejor dirección que podía darle era la que llevaba a una llamada a la policía.
Cuando los agentes llegaron al lugar, se encontraron a Patricia tranquilamente sentada en su coche, quizás todavía procesando la paradoja espacio-temporal en la que se había metido. Como era de esperar, las pruebas de sobriedad no fueron su fuerte. El resultado del test de alcoholemia fue la guinda del pastel: un espectacular 0.351%. Para que nos hagamos una idea, esto es más de cuatro veces el límite legal permitido en Indiana, una cifra que los expertos consideran potencialmente letal.
Patricia Ann Dettman fue arrestada y acusada de conducir bajo los efectos del alcohol y de superar con creces la tasa permitida. Su historia, sin embargo, queda como un recordatorio épico de que si alguna vez te encuentras buscando algo, asegúrate primero de no estar ya sentado encima.
