Concejala de Nashville responsabiliza a Satanás de su affair

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¡Agarraos que vienen curvas! En el vibrante escenario político de Nashville, donde uno esperaría debates acalorados sobre infraestructuras o impuestos, ha surgido una historia que desafía cualquier guion de serie. Nuestra protagonista, la concejala Delishia Porterfield, ha copado los titulares, pero no precisamente por su gestión ejemplar. No, no. Aquí el drama es mucho más celestial, o infernal, según se mire.

Resulta que la señorita Porterfield ha estado en el ojo del huracán tras salir a la luz un ‘affaire’ de esos que te dejan ojiplático: una relación extramatrimonial nada menos que con Anthony Waller, el pastor de su propia esposa. Sí, habéis leído bien. Un triángulo amoroso con sotana y todo. Tras un periodo de silencio que parecía sacado de una película de suspense, Delishia ha roto su mutismo con una declaración que nadie vio venir.

En lugar de las habituales excusas de ‘el estrés del cargo’ o ‘un momento de debilidad’, la concejala ha tirado por la calle de en medio, culpando directamente a… ¡Satanás! Tal cual. Según sus propias palabras, ella ha sido víctima de una «guerra espiritual» y de «ataques demoníacos». Parece que el diablo, además de tentar con manzanas, ahora también se lía con pastores. ¿Quién lo diría?

La concejala no se ha andado con chiquitas, pidiendo disculpas a su familia, a su comunidad, y por supuesto, a Dios. Ha prometido que buscará ayuda para lidiar con esta… eh… posesión demoníaca, y que seguirá sirviendo a su distrito. Es decir, que los demonios podrán tentar, pero no dimitir.

La noticia, como era de esperar, ha causado un revuelo considerable. Algunos se preguntan si el próximo debate municipal incluirá exorcismos o si el diablo se presentará a las primarias. Lo que está claro es que la política de Nashville acaba de añadir un capítulo digno de ‘Expediente X’ a su historia. Y mientras tanto, nosotros, simples mortales, nos preguntamos: ¿Será esta la excusa definitiva para cualquier desliz? «Fueron los demonios, señoría.» Habrá que ver cómo le sienta esto al electorado y, sobre todo, si el pastor Waller tiene algo que decir sobre su papel en esta «guerra espiritual». ¡Que Satanás nos pille confesados!