Cocodrilos en Cisjordania: El Extravagante Parque Temático que Acabó en Caza Mayor

Cocodrilos en Cisjordania: El Extravagante Parque Temático que Acabó en Caza Mayor
Unas fuerzas israelíes y palestinas abatieron a cientos de cocodrilos de un parque temático fallido en Cisjordania. El proyecto, 'Crocoland', importó los reptiles de Túnez, pero la bancarrota y el temor a su escape al río Jordán provocaron esta insólita y coordinada operación para eliminar la amenaza reptiliana.
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Agárrense, que la historia que viene parece sacada de un guion de comedia, pero es pura realidad. Imaginen la escena: Oriente Medio, la normalmente tensa Cisjordania… y de repente, ¡cientos de cocodrilos sueltos! No, no es una nueva plaga bíblica, sino el insólito desenlace de un sueño turístico que salió rana (o, mejor dicho, caimán).

Todo empezó allá por 1996, cuando un emprendedor con visión (y quizás un puntito de locura), Kobi Raviv, decidió que lo que Cisjordania realmente necesitaba era un parque temático de cocodrilos. Así nació ‘Crocoland’, cerca del asentamiento de Fasayil, en el Valle del Jordán. Raviv importó una remesa de cocodrilos jóvenes desde Túnez, con la idea de convertirlos en la principal atracción de un centro vacacional. El problema, como suele pasar, es que los permisos y la financiación a veces van más lentos que un reptil hibernando.

‘Crocoland’ nunca consiguió las licencias necesarias, y los problemas económicos no tardaron en asfixiar el ambicioso proyecto. El parque acabó en bancarrota hace aproximadamente un año. Mientras tanto, los pequeños cocodrilos habían crecido, y crecido, hasta convertirse en depredadores de buen tamaño, rondando ya los dos metros. La preocupación iba en aumento: ¿qué pasaría si estos bichos, libres de ataduras, decidían darse un paseo hasta el río Jordán? La catástrofe ecológica y el peligro para los bañistas eran una amenaza real y palpable.

Fue entonces cuando la historia tomó un giro aún más peculiar. En un acto de pragmatismo poco habitual, las autoridades israelíes y palestinas, a través de la Administración Civil israelí y la Autoridad Palestina, se pusieron de acuerdo para resolver este problema reptiliano. Se organizó una operación conjunta, en la que soldados israelíes y policía palestina trabajaron codo con codo. ¿El objetivo? Reducir la población de cocodrilos antes de que la situación se volviera inmanejable.

El propio Raviv, el expropietario, recibió una compensación por sus ‘mascotas’. Sin embargo, el destino de los reptiles fue dispar. Más de setenta de ellos fueron tranquilizados y trasladados a otro centro en el Valle del Jordán. Pero para el resto, que se contaban por ‘cientos’ según diversas fuentes, el final fue mucho más abrupto: fueron abatidos por las fuerzas conjuntas. El operativo, aunque triste para los amantes de los animales, fue visto como una necesidad urgente para evitar una ‘catástrofe’, en palabras del propio Raviv.

Así concluye la saga de ‘Crocoland’, un parque que demostró que a veces, la realidad supera cualquier fantasía, incluso si esa fantasía incluye cocodrilos en pleno desierto cisjordano.