Clausuran el ‘restaurante’ que servía niños en Perth: una guardería ilegal muy creativa

Clausuran el 'restaurante' que servía niños en Perth: una guardería ilegal muy creativa
En Perth, Australia, un 'restaurante' llamado 'Little Rascals' ha sido clausurado al descubrirse que era una guardería ilegal. El centro operaba sin licencias ni personal cualificado, camuflando el cuidado de decenas de niños bajo la apariencia de un local de comida. Las autoridades actuaron tras el inusual trajín infantil.
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¡Atención, gourmets de lo insólito! Si pensabais que ya lo habíais visto todo en el mundo de la restauración, agarraos, porque la ciudad de Stirling, en Perth, Australia, nos ha traído un plato fuerte que deja en evidencia la imaginación (o la falta de ella) de algunos emprendedores. Resulta que un local que presumía de ser un modesto restaurante, con el simpático nombre de ‘Little Rascals’ (Pequeños Diablillos), ha sido desenmascarado y clausurado por las autoridades locales. ¿La razón? Pues que en vez de servir cafés con leche y bocadillos, lo que realmente ‘servía’ era el cuidado de decenas de niños.

La historia tiene miga. Este supuesto establecimiento gastronómico, situado en las afueras de Perth, había conseguido la aprobación del ayuntamiento únicamente para operar como local de comida y bebida. Pero claro, la discreción no era precisamente su fuerte. Los vecinos empezaron a mosquearse (y con razón) al ver un desfile constante de padres y madres dejando y recogiendo a «docenas de niños» en lo que se suponía era un sitio para tomarse un té. El tráfico y el ruido que generaba el ir y venir de estas pequeñas criaturas a horas de entrada y salida de colegio eran más propios de un centro escolar que de una cafetería de barrio.

El Ayuntamiento de Stirling no tardó en captar el mensaje y, ni cortos ni perezosos, iniciaron una investigación de manual. Se dedicaron a observar el local, y lo que vieron confirmó sus sospechas: el «restaurante» era, en realidad, una guardería ilegal de principio a fin. Sin los permisos necesarios para operar como centro de cuidado infantil, sin personal cualificado para atender a los críos y, lo que es aún más grave, sin las mínimas medidas de seguridad que se exigen para un sitio así. ¡Imaginen el percal!

La dueña del tinglado, una ciudadana indonesia, intentó defenderse con una explicación que roza lo surrealista, asegurando que se trataba de un «club» donde los padres se reunían y que sí, que les cobraba por «la comida y los servicios», pero que no era una guardería como tal. Una excusa que no convenció ni al más pintado, y mucho menos a las autoridades, que le han puesto un ultimátum para cerrar el chiringuito y le han enviado un montón de papeles con órdenes de ejecución, tanto de planificación como de edificación. El mensaje es claro: o se pone las pilas y cumple con la ley, o el ‘Little Rascals’ se quedará solo en el recuerdo de una curiosa anécdota australiana.