Chapuzas a domicilio: Seis años de ‘Drag Queen’ para la pensión de mamá

Chapuzas a domicilio: Seis años de 'Drag Queen' para la pensión de mamá
Un hombre de Nueva York ha sido acusado de un fraude de libro: se disfrazó de su madre fallecida durante seis años para seguir cobrando su pensión y otros beneficios sociales. Acumuló más de 115.000 dólares con este peculiar engaño que incluía maquillaje, ropa femenina y hasta una silla de ruedas.
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Agárrense que vienen curvas, porque la historia que nos llega desde la mismísima Nueva York es de esas que te hacen dudar si estamos en una comedia negra o en la sección de sucesos. Nuestro protagonista, un tal Thomas Parkin de 49 años, ha sido pillado con el carrito del helado, o mejor dicho, con la silla de ruedas de su madre fallecida, Irene Parkin.

Resulta que el ingenioso Thomas, ni corto ni perezoso, decidió que la muerte de su progenitora en 2003 era un simple contratiempo. Y qué mejor manera de honrar su memoria (y su cuenta bancaria) que ¡haciéndose pasar por ella! Durante nada menos que seis años, desde 2003 hasta 2009, Thomas se transformó en su propia madre. Sí, han leído bien. Se ponía su ropa, se maquillaba con el arte de una folclórica de los años 80 y, para rematar la faena, se sentaba en una silla de ruedas para que la farsa fuera totalmente creíble.

La jugada maestra tenía un objetivo claro: seguir cobrando la pensión de la difunta Irene, además de los cheques de la Seguridad Social y las ayudas para personas mayores. Estamos hablando de una bicoca que superó los 115.000 dólares, una cantidad que no es moco de pavo. Al parecer, la treta se descubrió cuando un trabajador de la seguridad social fue a visitar a Irene y, oh sorpresa, se encontró con una señora de aspecto inusual que resultaría ser Thomas en plena operación ‘mamá a tiempo parcial’.

No estaba solo en esta aventura. Marlyn Parkin, cuyo parentesco no se especifica pero que también residía en la casa, le echaba una mano en esta peculiar puesta en escena. Juntos, se encargaban de perpetuar la ilusión de que Irene seguía viva y coleando, aunque fuera para la burocracia. Cuando a Thomas le pillaron en el renuncio, la imagen que ofreció a los agentes fue digna de enmarcar: maquillaje corrido, ropa de mujer y la dignidad por los suelos.

Thomas se enfrenta ahora a cargos por gran robo en segundo grado y fraude, entre otros. La pena máxima podría ascender a 15 años de prisión. Lo que está claro es que su ‘actuación’ ha pasado a los anales de los fraudes más rocambolescos. Parece que a veces, el amor (o el dinero) por la familia es tan fuerte que la línea entre la realidad y el ‘drag’ se difumina por completo.