
¿Preparados para una parada inesperada en la estación más glamurosa de la historia? Pues agárrense fuerte, porque en 2013, Chanel decidió que las pasarelas tradicionales eran para principiantes y se lanzó de cabeza al subsuelo de Nueva York. Sí, habéis leído bien: ¡un desfile de alta costura en el metro de la Gran Manzana! Olvidad los elegantes salones parisinos o las villas italianas; Karl Lagerfeld, el kaiser de la moda, tuvo una visión y esta implicaba el traqueteo de un tren y el olor peculiar de una estación subterránea.
El escenario elegido para presentar la colección pre-fall 2014 fue nada menos que la estación de Franklin Street en Tribeca, completamente desierta (¡claro, no iban a arriesgarse a que un viajero desprevenido pisara un diseño de 10.000 euros!). Y no solo el andén, ¡también un vagón de metro se convirtió en el telón de fondo para esta fantasía fashionista! Los modelos, con sus aires de «estoy por encima del bien y del mal», se sentaban, se ponían de pie y deambulaban por el tren y la estación como si esperasen el tren a la próxima Semana de la Moda. Eso sí, lo hacían ataviados con los icónicos tweeds de Chanel, perlas hasta las cejas, bolsos «boy bag» y zapatos robustos que, sorprendentemente, parecían aguantar el trote del asfalto.
Según el propio Lagerfeld, la idea era recrear la «realidad de la vida cotidiana», aunque, seamos sinceros, su «realidad» implicaba seguratas por doquier y cero riesgo de que les robaran el bolso. El káiser quería capturar la «energía de Nueva York», y qué mejor manera que en un entorno tan auténtico y lleno de contrastes… siempre y cuando ese entorno esté vacío y decorado por Chanel, claro. La audiencia era pequeña, selecta, formada por un puñado de editores que, seguramente, nunca antes habían puesto un pie en un vagón de metro, o al menos no en uno tan impecablemente chic.
Así que, la próxima vez que te subas al metro, echa un ojo. Quizás, solo quizás, entre el gentío, encuentres un oasis de alta costura. O igual no. Pero, al menos, puedes imaginarte a Karl Lagerfeld sonriendo satisfecho con su «vagón de metro más glamuroso del mundo» y preguntándote: «¿Es esto la vida real, o es Chanel?» La respuesta, probablemente, sea un poco de ambas, pero con mucho más brillo y menos retrasos.
