
¿Qué haces cuando ves un animal atropellado en la carretera? ¿Apartas la vista con pena? Pues hay quien frena, saca una bolsa y piensa: ‘¡Perfecto, la cena de esta noche!’. No, no es el guion de una película de terror, es la realidad de los ‘freegans’ de carretera, personas que han decidido que el mayor desperdicio es dejar que un animal perfectamente comestible se pudra en el asfalto.
Uno de estos pioneros del ‘kilómetro cero’ más radical es Fergus Drennan, un recolector profesional escocés que ve en cada faisán, conejo o incluso tejón que yace en el arcén una oportunidad. Para él, es la forma más sostenible y ética de comer carne. Su lógica es aplastante: ese animal tuvo una vida libre y salvaje, a diferencia de los que crecen en granjas industriales. Su muerte fue un accidente, no un sacrificio planificado para el consumo. ¿Por qué no honrar su vida aprovechando su carne en lugar de dejarla pudrirse?
Claro, la primera pregunta que nos viene a la mente es… ¿pero eso es seguro? Los expertos del arcén tienen sus trucos. Fergus explica que hay que ser un buen detective: ojos claros, ausencia de malos olores y un examen rápido para descartar enfermedades evidentes son el control de calidad básico. No se trata de coger cualquier cosa, sino de saber identificar una pieza fresca.
Y si te lo estás preguntando, en lugares como Reino Unido, es generalmente legal llevarse a casa estos ‘hallazgos’, siempre que no seas tú quien le ha dado el golpe al bicho sin reportarlo. La ley ampara a estos cazadores-recolectores modernos.
El menú es tan variado como la fauna local: ciervos, conejos, faisanes… Fergus incluso se ha atrevido con un estofado de tejón, asegurando que el sabor es sorprendentemente bueno y que un faisán de carretera tiene un gusto mucho más auténtico que uno de granja. Al final, esta práctica, que a muchos les revolverá el estómago, plantea una pregunta interesante sobre nuestro consumismo, el desperdicio de alimentos y de dónde viene realmente lo que comemos. Quizás la próxima vez que veas un conejo en la cuneta, no pienses solo en ‘pobrecito’, sino en ‘…¿quizás al ajillo?’.
