Cazador extraviado en Alaska: el fotógrafo providencial que le salvó la vida

Cazador extraviado en Alaska: el fotógrafo providencial que le salvó la vida
Thomas Hurley, de 72 años, sobrevivió tres días en la gélida naturaleza de Alaska tras volcar su barco. Varado en una isla sin suministros, fue rescatado por la increíble casualidad de un fotógrafo aéreo que documentaba el río. Su "momento perfecto" evitó una tragedia, dejando a Hurley agradecido.
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¡Agarraos que vienen curvas, o mejor dicho, aguas gélidas! En el vasto y salvaje corazón de Alaska, donde el frío se siente hasta en el alma y los alces campan a sus anchas, un septuagenario llamado Thomas Hurley, de 72 primaveras, se embarcó en una aventura de caza en solitario. Su objetivo: un majestuoso alce. Su destino inesperado: una auténtica odisea de supervivencia digna de película, y todo gracias a la «casualidad» de un fotógrafo aéreo.

La cosa pintaba bien hasta que, ¡zas!, su barco decidió hacer la croqueta en las traicioneras aguas del río Susitna. Hurley, con la agilidad que uno no esperaría de sus 72 años, logró nadar hasta una islita cercana. Pero claro, en el proceso, la naturaleza le cobró peaje: rifle, teléfono y botiquín, ¡todo al agua! Imagina la escena: varado en medio de la nada, sin más compañía que los pensamientos existenciales y el frío que cala los huesos.

Nuestro amigo Thomas pasó tres noches de perros, construyendo un refugio improvisado, rezando para que el congelador de la nevera de su casa le pareciera un spa en comparación. Intentó señalizar, hizo ruido, pero en Alaska, la asistencia en carretera es más bien… inexistente.

Y justo cuando uno empieza a pensar en hacer un casting para «Supervivientes: Edición Ártica», la fortuna decidió echarle un cable. Al cuarto día, un puntito rojo en el cielo se fue haciendo más grande. Era una avioneta privada, de esas con alas que te hacen girar la cabeza. ¿Quién iba a bordo? Pues ni más ni menos que Jeff Ledford, un piloto aficionado a la fotografía aérea que estaba, literalmente, «sacando fotos del río». ¡Qué cosas!

Ledford, con su ojo de lince (o de buen fotógrafo), divisó un brillo extraño en la orilla. Se acercó y, ¡eureka!, ahí estaba Thomas, agitando los brazos como si estuviera intentando espantar mosquitos del tamaño de pájaros. Jeff no se lo pensó dos veces: dio parte a las autoridades, que despacharon un helicóptero de rescate más rápido que una liebre escapando de un lobo.

Cuando llegaron, Hurley estaba hecho un cubito de hielo andante, con una buena hipotermia encima, ¡pero vivo! La alegría del reencuentro fue tal que casi se olvidan del frío. Thomas no paraba de repetir que el rescate había sido el «momento perfecto», y Jeff, con la humildad de los héroes anónimos, solo acertó a decir que estuvo «en el lugar correcto en el momento adecuado».

Así que ya sabéis, la próxima vez que veáis a alguien haciendo fotos desde el aire, quizás no estén solo coleccionando paisajes bonitos, ¡sino salvando vidas! Un brindis por Thomas y por el ojo avizor de Jeff. ¡Menuda historia para contar en el bar!